El Observatorio de la Deuda Social recordó que hay problemas estructurales en la medición que realiza el Indec.
08:04 hs - Domingo 05 de Abril de 2026
El director del Observatorio de la Deuda Social Argentina, Agustín Salvia, puso en duda la interpretación lineal de la reciente baja en los indicadores de pobreza y advirtió que los números del Indec no expresan la realidad cotidiana de los hogares. Desde su perspectiva, el descenso registrado incluyó un componente de “ficción metodológica” que distorsionó la lectura del fenómeno.
Si bien descartó cualquier sospechas sobre manipulación del Indec, atribuyó las inconsistencias a problemas estructurales en la forma de medición. “Hay un problema de medición y de realismo de esas mediciones”, indicó en una entrevista radial.
Según planteó, las estadísticas oficiales no lograron captar con precisión la pérdida de poder adquisitivo.
Cambio de estructura
Salvia describió un cambio en la estructura del gasto de los hogares. Explicó que los servicios básicos ganaron protagonismo dentro del presupuesto mensual, lo que redujo la disponibilidad para otros consumos. “La luz, el agua, el gas, el transporte y la comunicación ocupan una parte importante del gasto, y el componente disponible para otros consumos baja significativamente”, sostuvo.
En ese sentido, advirtió que el alivio estadístico no implicó necesariamente una mejora real en las condiciones de vida, sino una redistribución del ingreso hacia gastos fijos.
Uno de los principales cuestionamientos del sociólogo se centró en las herramientas de medición utilizadas. Según explicó, las canastas de consumo que sirven de referencia para calcular la pobreza permanecieron ancladas en parámetros de hace dos décadas. “Estás considerando valores con parámetros del 2004 y 2005, con estructuras de consumo de ese momento”, señaló.
De acuerdo con su análisis, en aquel entonces los hogares destinaban una mayor proporción de ingresos a alimentos, mientras que en la actualidad el peso de las tarifas resultó mucho más significativo. “La gente deja de ser pobre porque puede pagar servicios, pero no porque tenga más capacidad de consumo”, sostuvo.
Canasta desactualizada
A esta situación se sumó el uso de índices de precios que también conservaron ponderaciones antiguas. “Se actualiza con un índice que también está desactualizado, con ponderadores del 2004 y no con los actuales”, explicó.
Esta combinación, afirmó, generó resultados que “parece extraordinaria” pero que no reflejaron el escenario real dada la situación económica actual.
El investigador destacó que otro factor incidió en la caída de la pobreza: la mejora en la captación de ingresos por parte del organismo estadístico. “Al medir mejor cuánto ingresa y compararlo contra una canasta desactualizada, te da caídas de la pobreza que parecen extraordinarias”, afirmó.
No obstante, reconoció que existió un componente genuino vinculado a la desaceleración de los precios en alimentos. “La caída de la indigencia es más realista que la caída de la pobreza”, puntualizó.
Leve deterioro
Incluso advirtió que hacia el final del período analizado los indicadores mostraron un leve deterioro. “El cuarto trimestre ya estaría cerca del 30% de pobreza”, afirmó.
El análisis también puso el foco en la clase media baja, que apareció como uno de los sectores más golpeados. Según explicó, este segmento redujo gastos cotidianos para afrontar el incremento de tarifas. “Está achicando sus gastos corrientes y teniendo que pagar más tarifas, lo cual baja el consumo de productos básicos”, señaló.
Además, alertó sobre el ajuste en áreas clave para el desarrollo social. “La gente no mejora su casa, reduce gastos en salud y educación y se siente más ajustada”, describió.
El sociólogo vinculó la persistencia de la pobreza con la debilidad del mercado laboral.