Tiempo de valientes
La reciente batalla entre un grupo de jóvenes desarrolladores argentinos, Juan José Campanella, los trackers que codifican películas en formato .torrent, la industria cinematográfica y comunidades como Github o Pcmasmas -donde cientos de...

Martes 25 de Marzo de 2014

La reciente batalla entre un grupo de jóvenes desarrolladores argentinos, Juan José Campanella, los trackers que codifican películas en formato .torrent, la industria cinematográfica y comunidades como Github o Pcmasmas -donde cientos de programadores anónimos colaboran desinteresadamente entre sí-, es tan atractiva como una película mesiánico-digital basada en un argumento típicamente campanelliano: una Luna de Avellaneda 2.0 donde lo que parece protegerse no es un viejo club de barrio sino un modelo de circulación de contenidos que ya lleva varios años en medio de una profunda crisis.

La historia es así: hace algunas semanas, un grupo de desarrolladores locales presentó oficialmente Popcorn Time, un programa para ver películas en streaming, sin costo alguno. La aplicación tomaba la amplia base de películas en formato torrent, distribuida de forma descentralizada a lo largo de la web, y la ponía a disposición de los usuarios de una forma sencilla y agradable: con un diseño limpio y muy intuitivo, Popcorn Time permitía elegir un título, seleccionar los subtítulos y reproducirlo, todo en cuestión de minutos y a través de un único programa.

En poco tiempo, la idea se volvió un éxito. De ser un secreto en foros y blogs especializados, pasó a ser noticia en medios locales e internacionales como Techcrunch o Time. Las descargas se multiplicaron. La razón era obvia: Popcorn Time era simple, funcionaba realmente muy bien y ofrecía un catálogo repleto de títulos actuales.

Pero esta fama, paradójicamente, generó también una mayor atención por parte de los perjudicados. "No hay un fin económico ni de publicidad, todo es para que el usuario tenga una excelente experiencia. Es un experimento, una anécdota", habían afirmado sus creadores en una entrevista. Sin embargo, las explicaciones no bastaron: a medida que la reputación del programa fue creciendo, la industria cinematográfica aumentó su "preocupación". El 12 de marzo a la 1.05 PM, Juan José Campanella tuiteó: "Te felicito "Sebastián", creador de Popcorn Time. Sos un chorro argentino más en nuestra larga lista".

Ubicados en el centro de la escena y vislumbrando una guerra judicial, los responsables del programa decidieron abandonar el proyecto. Lo hicieron con una carta de despedida. "Como proyecto, Popcorn Time es legal -escribieron-. Lo verificamos. Cuatro veces. La piratería no es un problema de gente. Es un problema de servicio. Un problema creado por una industria que pinta a la innovación como una amenaza a su anticuada receta comercial". Para luego agregar: "Nuestro experimento nos puso a las puertas de los interminables debates de piratería y copyright, amenazas legales y la maquinaria oscura que nos hace sentir amenazados por hacer lo que amamos. Y ésa no es una batalla en la que queramos estar". La misiva cierra con un muy argentino "Un beso".

Pero internet es un terreno movedizo y lo que se arroja a su arena es difícil que desaparezca: muta, pasa de manos. Popcorn Time, además de ser sin fines de lucro, era un desarrollo abierto, lo que supone que cualquier usuario podía reversionarlo, mejorarlo o remixarlo. En la tarde del sábado, mientras Popcorn Time bajaba sus persianas, un usuario relanzaba una versión llamada "Campanella Time". Ironías aparte, veinticuatro horas después, la importante comunidad de ripeadores de torrents YTS -que hacía de base principal para el catálogo de Popcorn Time- anunciaba que tomaba la posta y ya trabajaba en revivir el proyecto.

Así que la historia continúa y hoy es probable que afloren dos, tres, muchos popcorns. Menos dispuesto a enfrentar la "maquinaria oscura" que a exponer una demanda insatisfecha, el cierre de Popcorn Time, antes que un fracaso, pareció consolidar eso que sus creadores llaman el "experimento". Nacido en la tierra de Taringa! y Cuevana, parte de su éxito se basó en aprender de errores ajenos y saber leer necesidades. Popcorn Time era sencillo, en un contexto donde para muchos el torrent aún es una tecnología indescifrable. No se mostró -en estas semanas de existencia, al menos- como un desarrollo tentado por la prédica mesiánica o la "transgresión digital" como modo de atraer publicidad. "Todo el quilombo viene cuando sale una foto tuya en la Rolling diciendo ‘voy a romper la industria'", dijo uno de sus responsables en una entrevista. El proyecto repuso el viejo debate sobre el copyright, la piratería y el modelo de negocios de la industria cinematográfica al punto que el propio Campanella terminó envuelto en una discusión que lo obligó a atemperarse y proponer un singular "Netflix latinoamericano". Popcorn Time confirmó lo que ya se sabía: que el streaming es hoy una de las principales plataformas de consumo audiovisual. Pero también probó que aún puede mejorar, con interfaces más agradables e intuitivas, y con un catálogo más actual. La discusión, menos que por la gratuidad, parece transitar por esos senderos.