Lunes 17 de Mayo de 2010
Una familia de Llambi Campbell, localidad ubicada en el departamento La Capital y a unos 50
kilómetros al norte de la ciudad de Santa Fe, vivió una pesadilla la noche del viernes a manos de
un grupo de ladrones que no solo los maniataron y golpearon sino que también picanearon al jefe del
hogar para que les entregue dinero.
Todo se desencadenó a las 20.30 del viernes cuando Santiago Nottoli, de
50 años, estaba a punto de cerrar su tienda y agencia de quinielas ubicada en la arteria principal
de la localidad, a unos 50 metros de la ruta nacional 11. Entonces se topó con un hombre que lo
amenazó con un revólver apuntándole a la cabeza y lo obligó a ingresar a su vivienda, contigua al
local comercial.
Detrás del delincuente armado entraron al menos otros tres hombres
encapuchados, uno de ellos cubriendo su rostro con una máscara del Hombre Araña. Ya adentro de la
casa, no sólo redujeron y maniataron a el comerciante sino que igual suerte corrieron su esposa, su
hija y su nieto de un año y medio.
“Me empezaron a pedir por la plata y nos comenzaron a torturar
porque cada vez querían más. Sufrimos amenazas de todo tipo. Dijeron que iban a matar a mi nieto,
que lo iban a raptar, que le iban a clavar un cuchillo, no sé... de todo”, narró con mucha
angustia Nottoli al diario El Litoral.
Torturado. Lo peor ocurrió poco después, cuando uno de los malvivientes decidió
aumentar la presión contra sus víctimas para engrosar el botín que buscaba la banda. “Uno de
los rufianes arrancó un cable del freezer y lo peló. Lo enchufó y comenzó a pasarme corriente por
el cuerpo. A mi hija también le quisieron pasar corriente, pero por suerte a último momento
desistieron porque ella tenía la criatura en brazos”, recordó el comerciante.
En pleno atraco llegó al lugar el hijo de Nottoli con un par de amigos y
los tres, tras toparse con la desagradable escena, también sufrieron agresiones de los
delincuentes. “Mi hijo intentó resistir pero le dieron una patada en la cabeza que por poco
casi pierde un ojo. Quedó obnubilado y semi desmayado, tirado en el piso”, dijo el hombre.
También reconoció que el hecho “fue obra de gente muy profesional”, y sostuvo que a su
entender “no estaban drogados y se mostraron fríos y calculadores. Sabían muy bien lo que
hacían, cómo presionar, cómo llevar a la gente al borde de la desesperación para obtener
dinero”.
Finalmente, los ladrones se hicieron de una suma importante de dinero
además de celulares, alhajas y otros objetos de valor antes de escapar. “Querían irse con la
camioneta de mi hijo y le pidieron que maneje, pero el no podía si por los golpes, estaba perdido y
sin fuerzas así que no se de que manera se fueron”, agregó Nottoli.