Jueves 22 de Julio de 2010
La película “Cuentos de la selva” se inspira en los relatos del mismo nombre de
Horacio Quiroga. El filme, que se estrena hoy, es una historia animada con técnica 3D y 2D sobre la
solidaridad y la supervivencia, en la cual los animales deciden pelear contra el desmonte que
amenaza con destruir el lugar donde viven. Liliana Romero, quien junto a Norman Ruiz dirigió el
proyecto, contó a La Capital cómo fue el proceso de darle vida a estos clásicos de la
literatura.
—¿Qué dificultad tuvo transformar en imágenes los cuentos de
Quiroga?
—Los animales están diseñados en base a máscaras guaraníes, que no
tienen pelos ni plumas realistas, sino que hicimos una investigación sobre cómo se representaban
los animales de esa zona, y entre otras cosas nos mandaron animalitos tallados desde Misiones como
para tenerlos de modelo. Nos pareció interesante abordar una estética distinta a lo que sería una
ilustración de cuentos para chicos.
—¿Uno de los objetivos de la película es crear conciencia
ecológica?
—La peli está muy apuntada a tratar de concientizar a la gente.
Igual los chicos ya vienen con un chip de ecología mucho más avanzado que las generaciones
anteriores. La idea es que puedan ir al cine, entretenerse, pasarla bien, que no sea como un
mensaje soberbio ni de aprendizaje solamente. Que vayan acercándose a la importancia del cuidado de
la naturaleza desde lo placentero.
—¿Qué te interesó del trabajo?
—Con Norman veníamos de “Fierro” que era para
adolescentes y ésta suponía el desafío de hallar un lenguaje estético para chicos chiquitos. La
verdad es que me pareció un desafío interesante. Después, incorporar la técnica del 3D para los
animales y el 2D para los fondos pintados a manos.
—¿Cómo se enfrenta un filme nacional a las superproducciones de
Hollywood?
—Lo que esperamos es ser la alternativa. Está bueno que estén esas
películas porque la verdad que son muy buenas. Las vamos a ver y las disfrutamos. Pero también es
ocupar un lugar, por más que vengan ellos con 250 copias y nosotros vayamos con 60, que para una
película nacional es mucho. Esperemos ser la alternativa nacional de las vacaciones de invierno.
—¿El acceso a la tecnología cada vez más grande que tienen hoy los
chicos obliga a ofrecer un grado proporcional de sofisticación en el tratamiento de la imagen?
—Los chicos tienen como un acceso a todo demasiado rápido y
también tienen un poder y un criterio muy elaborado. No es que lo que vos suponés que lo que al
nene le va a gustar es lo que le gusta. El tema es buscar qué mira, qué le interesa, qué lo asusta.
Hay que estar muy atento a eso porque si no uno se queda con el preconcepto de lo que uno cree que
le gustaría al niño.
—¿Cómo influyó esa actitud a la hora de encarar “Cuentos de
la selva”?
—Nosotros teníamos que conservar esa cosa medio heavy que tiene
Quiroga porque los chicos están acostumbrados a ver de todo en la televisión y ya lo pueden
digerir. Pero no porque sea para chicos le tenés que dar todo resuelto en una nube rosada porque ya
están como a otro nivel.
—¿Los chicos perdieron inocencia?
—No sé si perdieron inocencia. Cada época tiene sus propios niños.
Creo que si ellos conservaran lo que teníamos nosotros hace treinta o cuarenta años estarían fuera
de época y el mundo hoy los pasaría por arriba.