Jueves 29 de Abril de 2010
El paco se presenta como una de las más graves manifestaciones de la drogadicción porque tiene un costo menor que otras drogas, lo que hace que se lo llame la droga de los pobres, y porque causa daños físicos y neurológicos más profundos e irreparables que otros estupefacientes. Es el residuo o la basura que queda de la fabricación de la cocaína. Es decir, los restos del proceso de elaboración al que se somete la pasta base mediante precursores químicos como acetona, éter, ácido clorhídrico, ácido sulfúrico o kerosene para obtener la droga.
Los profesionales que trabajan en la rehabilitación de consumidores de paco acuerdan en que la exclusión es uno de los mayores problemas que afectan a los adictos. "El abordaje de cualquier adicción es complejo, pero el principal problema del paco es que se trata de una consecuencia de la exclusión. Sus consumidores generalmente no están escolarizados, vienen de familias desintegradas y no tienen una red de contención", explicó Carlos Damin, jefe de Toxicología del Hospital Fernández de la Capital Federal.
Tras el estado de euforia que causa en un principio, deja consecuencias devastadoras: afecta especialmente al apetito y la parte frontal del cerebro además de producir un incontrolable deseo de volver a consumir. Pese a que el deterioro neurológico, cognitivo e intelectual que genera su consumo es grave, los médicos consideran que esos daños se pueden revertir. Pero la clave, en un tipo de adicción que afecta a mayoría de desclasados, es la reinserción.
Claudio Parrilla, Director de Adicciones del Ministerio de Desarrollo Social porteño, sostuvo que "no es estrictamente la droga de los pobres, pero las consecuencias que genera en los grupos de mayor vulnerabilidad son devastadoras. Los sectores altos tienen mayor integridad física para resistir y buscar alternativas de rehabilitación. Para los pibes pobres se trata de una droga de exterminio".