Sábado 08 de Octubre de 2011
Sonreír no sólo expresa alegría: también une a las personas. El cerebro humano tiene preferencia por los rostros felices, y mostrar una sonrisa es una buena manera de generar una imagen positiva. Por algo es el recurso empleado por la mayoría de los aspirantes a cargos electivos en sus campañas. Salimos a la calle y nos encontramos cara a cara con sonrientes candidatos que intentan cosechar votos en afiches cuidadosamente diseñados por el marketing político. Regresamos, y nos visitan ingresando a nuestros hogares por el televisor (o en impresos introducidos por debajo de la puerta de calle). En su mayoría, la sonrisa del candidato va asociada a una mirada de frente, dirigida al supuesto interlocutor. En un estudio reciente, la doctora Paula M. Niedenthal, directora de investigación en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas y miembro del Laboratorio de Psicología Social y Cognitiva de la Universidad Blaise Pascal de Clermont-Ferrand (Francia) destaca la importancia del contacto visual en las sonrisas. Se mostró a un grupo de estudiantes una serie de retratos como el del "Caballero Sonriente", de Frans Hals, del siglo XVII. En algunos casos el sujeto retratado no miraba al espectador o las miradas no se encontraban; en otros los estudiantes miraban pinturas que tenían los ojos tapados. El impacto emocional era mayor cuando la cara del retrato tenía contacto ocular directo con el espectador. No es fácil detectar si un candidato es sincero o pretende engañarnos con su sonrisa y mirada de frente. Lograrlo ayudaría a decidir el voto. Sean genuinas o falsas, muchas de estas "sonrisas de campaña" se irán trocando en muecas de tristeza a medida que el escrutinio vaya esfumando ambiciones y vanidades.
Carlos Alberto Parachú