Sin agua bajo el sol de 40 grados

Martes 25 de Enero de 2011

“Todavía no baldeamos”, dijo como pidiendo disculpas María Vera, sobrina del hombre asesinado, mientras señalaba las abundantes manchas de sangre que quedaron en el piso de su casa, en el patio y en la vereda. Es que en el barrio, según explicó, no tienen agua.

Mientras la adolescente recibía a este diario y relataba las escenas de violencia que se vivieron en su vivienda, una vecina se acercó pidiendo agua. Una canilla da al patio de la tragedia es la única en la zona de la que, de a ratos, brota algo de líquido.

Así fue como, bajo el sol sofocante de la tarde y con 40 grados de sensación térmica, un primo de la chica de 15 años hizo pasar a través del muro una manguerita para llevar el agua desde esa canilla a un balde en la vereda. Como esa vecina, otros tantos van a buscar agua a la casa de los Vera. Cuarenta minutos después, la mujer sólo había logrado cargar algo más de un litro. A poco más de cien metros, cruzando la avenida Rouillón, un camión ingresaba a abastecerse a un predio de Aguas Santafesinas. Mientras tanto, de la canilla solidaria de la familia Vera apenas goteaba un hilo mínimo de agua.