Martes 08 de Diciembre de 2015
Un joven estudiante deberá permanecer en prisión mientras continúa el juicio escrito en su contra por 35 delitos de amenazas anónimas cometidas a lo largo de nueve meses en el año 2013 desde usuarios falsos de Facebook o la web de Personal que permite enviar mensajes de texto a celulares. Lo singular es que la destinataria de esas intimidaciones era su propia novia, quien, sin sospechar de él, llegó a sentirse asediada, a cortar vínculos y hasta abandonar una carrera terciaria ante el temor de sufrir agresiones. La semana pasada un camarista penal dispuso que el acusado siga en prisión el desarrollo del juicio mientras conserva los permisos para cursar una carrera universitaria.
La audiencia que definió la continuidad en prisión del joven de 20 años estuvo a cargo del camarista Alfredo Ivaldi Artacho. Se hizo a pedido del defensor del acusado, quien pretendía un "cese de prisión" por la extensión de plazos procesales. El muchacho está preso desde diciembre de 2014.
La causa por 35 amenazas agravadas por el anonimato o coactivas acaba de ingresar al juzgado de Sentencia de Julio Kesuani. Poco antes el defensor Jorge Alcaraz solicitó que su cliente quede en libertad pero la jueza de Instrucción Alejandra Rodenas, a cargo del juzgado de Instrucción Nº 5, se opuso.
En su apelación el abogado planteó que los hechos no constituyen amenazas y recordó que el joven no tiene antecedentes, cuenta con un informe de conducta muy bueno, está realizando un tratamiento psicológico y "no ha incumplido con las salidas estudiantiles".
El fiscal de Cámaras Guillermo Camporini se opuso al cese de prisión. Recordó que la pena mínima para los delitos que se investigan es de 3 años, lo que aumenta "si se tiene en cuenta que las amenazas fueron 35". Finalmente Ivaldi Artacho resolvió que el joven siga detenido.
La amenazas comenzaron a investigarse en 2013 cuando S., una estudiante de educación física de 18 años, comenzó a recibir anónimos amenazantes y degradantes en su celular y su cuenta de Facebook poco después iniciar su noviazgo.
Con el paso de los meses sus padres sospecharon del novio de S. y en septiembre ella cortó la relación. Entonces, revisando en la cuenta de correo del muchacho constató que era el autor de las intimidaciones. En una requisa realizada el año siguiente en la casa del joven se encontraron los falsos perfilesde Facebook, las cuentas de correo asociadas y las contraseñas.
El chico fue indagado y se constató que el mismo asedio sufrieron otras dos novias. Al registrarse una nueva amenaza el fiscal Enrique Paz ordenó su detención. Las amenazas fueron consideradas actos de violencia de género porque tenían por objeto "tener un control absoluto sobre su presa". S. abandonó sus estudios, enfermó y debió iniciar un tratamiento psicológico.