Domingo 31 de Enero de 2010
“De «Rey» de la efedrina o de «Fantasma» no tengo nada”. Mario
Roberto Segovia, el rosarino procesado como el mayor contrabandista de esa sustancia a México, se
despegó de los motes que lo siguen desde que fue detenido hace más de un año en Rosario. Lo hizo en
un voluminoso descargo escrito ante la Justicia federal en el cual remarcó que, pese a la dimensión
del tráfico que le endilgan, nunca le secuestraron “ni un gramo” de ese precursor para
la elaboración de drogas sintéticas.
“Simplemente soy un empresario que realiza distintos
emprendimientos comerciales enmarcados en la ley y que trabaja con esfuerzo en esta Argentina que
nos toca vivir. El «Rey», el «Fantasma», no tiene ni un gramo de efedrina. Sorprendente. Señora
jueza: que no se entere la prensa”, ironizó Segovia en un extenso escrito de más de 300
páginas. Allí respondió a las acusaciones que le formularon en uno de los tres expedientes en los
que fue procesado: el que llevaba adelante el suspendido juez de Zárate-Campana Federico
Faggionatto Márquez y luego quedó a cargo de la reemplazante Sandra Arroyo Salgado.
La presentación, patrocinada por el abogado Carlos Varela, fue realizada
a los fines de “demostrar su inocencia” en la causa por la ruta de la efedrina de
Argentina a México, en la que Segovia fue procesado como líder de una asociación de contrabando. La
nueva jueza le dictó un segundo procesamiento el año pasado, tras la evidencia colectada por su
antecesor el 12 de octubre en 27 allanamientos que se hicieron en Rosario. Ese operativo se realizó
tras advertirse que el llamado Rey de la Efedrina seguía comandando negocios de tráfico tras las
rejas de Ezeiza.
En noviembre, la jueza lo procesó junto a tres familiares directos como
miembros de una organización dedicada al tráfico de estupefacientes. Consideró que Segovia siguió
operando desde la cárcel “o al menos manteniendo vigente y agazapada su organización
criminal”.
Sin tenencia. Fue a partir de ese procesamiento que Segovia redactó su descargo. Remarcó que
nunca le precisaron las acciones concretas que le imputan, cuándo y cómo ocurrieron: “Me
atribuyeron simples calificaciones jurídicas y no hechos determinados”, dijo. Está acusado de
guardar y comerciar materias primas para la fabricación de estupefacientes, con la intervención
organizada de tres o más personas. Pero “no se acreditó la tenencia en mi poder de efedrina.
Nada se secuestró en todo este extenso proceso”, contraatacó él.
“En efecto, éste debe ser el único proceso de la historia del
narcotráfico de la Argentina (y no sé si del mundo) en que no se encontró ni un gramo de una
sustancia prohibida. Es como un homicidio sin el cadáver, una violación sin una mujer ultrajada.
Algo inédito en nuestro sistema procesal”, comparó. “Y esta relevante circunstancia, la
falta de secuestro de droga o efedrina en mi poder, la ausencia de cuantificación del material, la
absoluta falta de certidumbre sobre el destino otorgado a la sustancia, compromete seriamente la
acreditación del cuerpo del delito”, remarcó.
Pese a su planteo, la jueza Sandra Arroyo y su colega Marcelo Aguisnky
(quien lo procesó en otra causa por el contrabando de 524 kilos de efedrina a México a fines de
2007) consideraron que existió un vínculo físico concreto entre los envíos de efedrina del puerto
de Buenos Aires hacia México y la persona de Segovia, bajo el nombre de Héctor Germán Benítez, en
su carácter de proveedor de esa sustancia. Que lideró gestiones para que esas operaciones se
concretaran. En total, está sospechado de haber traficado, en dos años, cinco mil kilos de efedrina
para la elaboración de drogas sintéticas.
Trabajador versátil. En cambio, Segovia se presentó como un empresario emprendedor en distintos
rubros. “Consta cabalmente acreditada en el expediente mi actividad empresaria,
indiscutiblemente lícita. Cuando se originó el proceso en mi contra estaba instalando (en la
localidad de Alvear) una fábrica de DVD-R, única por sus características en Latinoamérica, para lo
cual compré distintas maquinarias en el extranjero”. Planteó además que se dedicaba a
explotar campos en el norte de Santas Fe y en Santiago del Estero.
“Desde muy joven realicé todo tipo de actividad comercial, como
ser la venta de videos y de distintos productos, negocios inmobiliarios, compra y venta o alquiler
de inmuebles, distintas inversiones, algunas en oro, préstamos de dinero, producción agropecuaria,
operaciones de comercio exterior, lo cual me permitió llevar una vida sin limitaciones y darme
ciertos gustos”, planteó.
Cuando allanaron por primera vez su casa de Fisherton secuestraron dos
camionetas Hummer y un fastuoso Rolls Royce. Acaso a eso se refería, en una cita al pie, cuando
dijo: “Con el tiempo comprobé que algunos de esos gustos fueron “desmedidos y ofensivos
para una sociedad opaca y chata, que me criticó y envidió, pero eso es harina de otro
costal”.
Esto no es mío. Segovia reconoció como propios sólo algunos escritos y papeles secuestrados en
la requisa del 24 de septiembre pasado en Ezeiza, donde se constató que gozaba de computadoras con
conexión a internet, una notebook y aparatos Nextel. Dijo no conocer “otros objetos o papeles
incautados en el confuso procedimiento realizado en el enorme pabellón 4” y que unas
anotaciones sobre la síntesis de la efedrina allí halladas no corresponden a su letra. También
descalificó los informes de la Side, a los que tachó de “delirantes e imaginativos”.
“Nada relevante surge de esta nueva investigación. Todo lo dicho
por Faggionatto Márquez a la prensa es una farsa. Ningún delito se ha determinado. No se encontró
efedrina. No se probó un acto tendiente al comercio ilegal de la sustancia. No se corroboró la
existencia de un comprador. Nada de nada”, concluyó. Y cerró con duros términos hacia el
suspendido Faggionatto. Pero la investigación fue convalidada por la sucesora del juez y ahora
Segovia espera en prisión el inicio del juicio oral en la causa.