Se fue la pandemia, pero no volvió la comida a los micros de larga distancia
El protocolo que prohibía dar alimentos y bebidas a bordo dejó de regir. Sin embargo, las empresas abaratan costos y ni siquiera brindan agua

Domingo 11 de Diciembre de 2022

Rompiendo con una vieja costumbre que llevaba varias décadas en pie, hace algunos años que los micros de larga distancia dejaron de dar refrigerios, y ya ni siquiera brindan bebidas a bordo. Si bien no eran todas, muchas empresas de transporte que salían desde Rosario a destinos de otras provincias ofrecían comida como viandas frías, medialunas, galletitas, alfajores, café y otras infusiones, gaseosa, y en algunos casos bebidas alcohólicas, como champagne, vino o whisky, y hasta platos calientes en los trayectos más largos. Todo eso desapareció de a poco, y la estocada final fue en 2020 con la llegada del Covid.

El refrigerio era un servicio adicional que se prohibió por disposición nacional cuando llegó la pandemia, por cuestiones de protocolo. Pero luego de dos años y medio, cuando en septiembre de este año la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT) dispuso el levantamiento de esa normativa junto con la de la obligatoriedad del barbijo por la baja de casos, no se repuso para abaratar la estructura de costos.

Los empresarios consultados por La Capital aclararon de forma extraoficial que era un "extra" utilizado para atraer clientes, y como todas las firmas ahora están con la lengua afuera desde el punto de vista financiero, lo que provoca una gran dispersión de precios (un pasaje Rosario-Retiro va de 3.200 a 4.900 pesos), una vez que todas lo sacaron, jamás regresó, ni siquiera en los servicios supuestamente diferenciales.

Si bien el jugo y el café que tenían los termos eran de dudosa procedencia, cuestionable higiene (se comenta que solían atraer cucarachas y desarrollar hongos si no se lavaban bien) y sabor cuanto menos exótico, y la comida por momentos no era la mejor, lo cierto es que la cuestión se suma a la quita de servicios al pasajero que las diferentes compañías de ómnibus interprovinciales encararon producto del estado de constante crisis económica en la que entraron a partir de la llegada del Covid.

En los largos viajes al NOA, Cuyo o la Patagonia, esto significa que los pasajeros deben arreglárselas para sobrevivir durante viajes de 12 y hasta 24 horas sin que les den un vaso de agua. Solo pueden bajar algunos minutos en paradores ruteros, muchas veces carísimos de los que se desconoce si tienen acuerdos con la empresa.

Si bien según datos de la Terminal de Ómnibus de Rosario los viajes crecieron (en octubre salieron más pasajeros que en enero, en plena temporada alta) las frecuencias fueron volviendo según la demanda, pero jamás retomaron la grilla de 2019, que hoy se ubica en un 80% de la anterior normalidad.

Además del desaparecido servicio a bordo, que también se llevó el puesto laboral de las azafatas o coordinadoras, también se retiraron las almohadas, mantas, y se empobreció la limpieza de los baños. En algunos casos, sufrió la puntualidad, que ya no se respeta a rajatabla, las unidades empezaron a envejecer, y hay menos coches modernos con Wi Fi y conexión USB para cargar celulares en los apoyabrazos. En algunos tramos ya ni siquiera pasan más películas.

En comparación, en aquellos destinos donde está disponible, y cuando se logra conseguir boleto entre tanta demanda, otra vez gana el tren. Si bien demora algunas horas más, tiene una tarifa infinitamente más económica y pone a disposición un dispenser de agua fría y caliente durante todo el viaje, y un vagón comedor donde se pueden comprar algunos alimentos básicos y cafetería.

Esta sección también estuvo cerrada durante la pandemia, pero ya volvió y muchas personas consumen los productos que allí ofrecen. Pero gran parte del país no tiene conectividad ferroviaria, ni siquiera aérea, por lo que el micro es la única opción para muchas personas, y lo seguirá siendo por mucho tiempo.