Roban dinero y varias alhajas de una joyería
El dueño del local contó que ni las plegarias de un sacerdote que estaba en el negocio disuadieron a los asaltantes, quienes por toda respuesta lanzaron un rudo “no nos miren” y, arma en mano, les ordenaron a las víctimas arrojarse al piso.

Jueves 28 de Enero de 2010

Una joyería de San Juan al 1200 fue asaltada el martes a la tarde por dos ladrones de edades dispares —uno era joven y el otro tendría “más de 60 años”— que encerraron a tres personas en un baño y se llevaron unos 2 mil pesos en efectivo y joyas por un valor indeterminado. El dueño del local contó que ni las plegarias de un sacerdote que estaba en el negocio disuadieron a los asaltantes, quienes por toda respuesta lanzaron un rudo “no nos miren” y, arma en mano, les ordenaron a las víctimas arrojarse al piso.

El asalto ocurrió en la joyería Casablanca, de San Juan 1275. La primera señal que dieron los asaltantes fue a las 17 del martes, cuando el más joven llegó al local como cliente. “Por una cuestión de sexto sentido no lo hicimos entrar porque estamos un poco cautelosos. Preguntó por una pieza importante, una pulsera”, relató Daniel Calvo, propietario del negocio y comerciante del ramo desde hace “50”.

Una hora más tarde el mismo muchacho regresó y esta vez lo hicieron pasar. En ese momento Calvo estaba en una oficina posterior junto a un sacerdote que había ido a brindarle asistencia espiritual por un problema familiar. “Atrás del ladrón entró otro señor mayor con un arma en la mano. Nos amedrentaron y nos llevaron a una oficina privada donde nos exigieron dinero y joyas”, recordó Calvo.

El comerciante refirió que los hicieron caminar arrodillados y mirando el piso hasta la oficina, donde les exigieron que se tiraran boca abajo. Allí el más joven de los ladrones les sustrajo celulares, objetos personales y el dinero que llevaban encima, mientras su cómplice iba seleccionando mercadería del local. Se llevaron objetos de oro, otros de plata y oro, algunos enchapados y alianzas. Calvo señaló que no podía valorar las pérdidas porque debía realizar un inventario.

Plegarias sin respuestas. Según Calvo, el sacerdote intentó mediar para evitar el robo: “Les decía: «Hermanos, por favor, estamos resolviendo un problema con el hermano Daniel». Pero sólo respondieron con un «no nos mirés» y siguieron con el robo”, recordó.

Cuando los maleantes se fueron, las tres víctimas permanecieron unos minutos encerradas hasta que Calvo accionó el botón de pánico que alertó a la empresa de alarmas. De inmediato llegaron efectivos de Investigaciones. “En ese aspecto fueron muy eficaces. Pero desde que sucedió el robo hasta que oprimí el botón pasaron varios minutos”, dijo Calvo, quien no pudo apreciar en qué huyeron los ladrones, aunque en la primera visita del joven creyó ver que alguien lo esperaba en un auto.

“Entre la precaución y el temor no tuvimos tiempo de nada. No nos golpearon, aunque el hecho de empuñar un arma como la que vimos es violento. Igualmente, no soy yo quien pueda hablar de inseguridad porque acá están patrullando permanentemente”, observó el comerciante, quien en un robo sufrido meses atrás decidió enfrentar al ladrón. “Me trabé en lucha con el personaje”, indicó. El resultado fue que el maleante escapó, dejó el arma en el local y Calvo quedó lleno de magullones.