Martes 18 de Noviembre de 2008
Las dos perras curiosamente no reaccionaron ante la presencia de extraños. Lucían somnolientas cuando la madrugada de ayer Jorge Bizzotto llegó a su vivienda de la zona sur de la ciudad. No fue lo único que le llamó la atención al dueño de casa. De un vistazo distinguió que la puerta estaba abierta y el dormitorio asomaba con la luz encendida. Después, entró en la propiedad y se percató de que habían desaparecido los 190 mil pesos y los 20 mil dólares que había ahorrado en los últimos años.
Bizzotto tiene 49 años y supervisa las tareas de mantenimiento que se realizan en Siderar, una empresa siderúrgica ubicada en San Nicolás. Cerca de las 20.30 del domingo, salió de su casa de Amenábar 1637. Lo hizo acompañado por su pareja, Ana María, y su hija, Gisela, de 22 años. Fueron hasta la terminal de ómnibus a despedir a un sobrino que regresaba a su provincia, el Chaco. A las 21.30, el muchacho se subió al micro y los Bizzotto se encaminaron hacia la Feria de las Colectividades.
La casa de Bizzotto es una casa típica de clase media. Tiene un jardín delantero en el que asoman dos ventanas enrejadas, un garaje cubierto con un techo de madera y el frente también enrejado. Ayer a la mañana, las dos perras —una Pastor Alemán y una Doberman— estaban en el césped. Un Fiat Regatta y un Suzuki completaban el paisaje.
El dueño y sus familiares contemplaron el cierre de la fiesta con la elección de la reina del tradicional evento que se realiza todos los años. Unas cuatro horas después regresaron a la casa. Ya eran la 0.40 cuando el dueño divisó que la puerta de ingreso principal —se llega a través de un pasillo— estaba abierta. Luego levantó la vista y vio que la lámpara del dormitorio estaba encendida. "No me animé a entrar y llamé al Comando, pero, como demoró en venir, me metí", explicó Bizzotto a La Capital.
Huellas de intrusos. Apenas ingresó, distinguió un descomunal desorden. Papeles tirados en el suelo, cajones abiertos y revueltos. Entonces, el hombre supo que había recibido la visita de intrusos. "Había documentos de mi padre, pero creo que no se lo llevaron", comentó el dueño de casa.
Después, Bizzotto fue hasta el dormitorio y comprobó lo que ya se imaginaba. Los 190 mil pesos y los 20 mil dólares que tenía guardados en en el interior de un placar se habían esfumado. También había desaparecido un reloj pulsera de oro. "La plata la había ahorrado en los últimos años para cancelar la deuda que tenía con mis hermanos por la herencia de la casa", explicó.
La propiedad, según dijo, pertenecía a sus padres y él había vivido allí durante su infancia y la adolescencia. Angustiado, caminó hasta el patio y se percató por dónde habían entrado los ladrones. Habían forzado una ventana que se conecta con los fondos de la casa. "Era la única ventana que no estaba enrejada", se lamentó.
En otro maletín. Los asaltantes también se llevaron dinero que no le pertenecía a Bizzotto. El hombre es tesorero de la fundación Alco, entidad que asiste a personas con sobrepeso. Los maleantes, contó el dueño de casa, recogieron mil pesos que estaban en un maletín. El efectivo correspondía a la recaudación de la institución conocida como Gordos Anónimos.
Habitualmente, la policía explica que los escruches (los robos que se producen cuando los dueños no están) ocurren porque alguien comentó a los malhechores que había plata.
—¿Alguien conocía que tenía ese dinero?
—Solamente mis familiares, pero no sabían dónde estaba ni cuánto era
Bizzotto denunció el atraco en la comisaría 15ª. Hasta anoche, la policía no había localizado a los autores del ilícito. "Sacaron muchas fotos (por los pesquisas), pero no pudieron levantar ninguna huella", explicó. El dueño de casa señaló que ningún vecino escuchó ni observó movimientos extraños en el momento en que se produjo el atraco.