Miércoles 13 de Junio de 2012
Río 20 es un acontecimiento mundial que se celebra en junio en Brasil. Abarca tanto la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sustentable como así también la Cumbre de los Pueblos por la Justicia Social y Ambiental. Como sabemos se da en un marco por los 20 años de la famosa Cumbre de la Tierra del año 1992. En la que se consolidaron principios fundamentales como los de precaución, prevención y sustentabilidad para cuidar y proteger la vida sobre la biósfera de la Tierra. El concepto de sustentabilidad fue tomado del Informe Brundtland de 1987. Los conceptos antes señalados marcaron en verdad huellas y también caminos. Anteriormente, en los '70, dejaron sus señales el polémico documento del Club de Roma y la alternativa planteada por la Fundación Bariloche.
La Cumbre de la Tierra del 92 se dio en una contextualidad de expansión de la economía neoliberal (con sus grandes consecuencias negativas) dejando atrás la crisis de principios de los 70. La actual cumbre se va a realizar en medio de una crisis sistémica profunda de Estados Unidos y Europa, ello implica que el sistema pone en zozobra y secundariza las conquistas sociales y ambientales que se habían logrado con años de lucha y participación de la ciudadanía. De alguna manera se vuelve a poner en vigencia la ruptura de crecimiento económico y desarrollo social y ambiental. Es decir que lo social, comunitario y ambiental conspira con el crecimiento económico. No es verdad, en rigor de lo que se trata es que todo proceso económico esté direccionado por el bien común, la justicia social y ambiental, y evitar todo proceso de mercantilización y monetización de la vida.
La Cumbre de la Tierra 2012 se efectúa en circunstancias muy desafiantes. Por un lado los países centrales en crisis recesiva con el sector financiero colapsado, por una crisis de superproducción de medios financieros sin respaldo real. Para estos países lo priorizante es la reactivación económica. Por otro lado Latinoamérica, con procesos de integración muy importantes y una economía en alza. La Cumbre también llega presionada por las demandas no satisfechas de los Objetivos del Milenio (OM), que plantea llegar al 2015, entre otros objetivos, a la mitad de los que no pueden acceder al agua y saneamiento, como así también a la mitad de los hambrientos e indigentes. Todo señala lamentablemente el atraso para llegar a estos objetivos e inclusive pone en dudas si se van a cumplir. Tenemos 1.100 millones de personas que no acceden al agua apta para el consumo y 2.600 millones de personas que no acceden a saneamientos y que por minuto dos niños mueren por no acceder al agua, 850 millones padecen hambre y 2.000 millones no acceden a la electricidad. Para reducir los que no acceden al agua y saneamiento para el 2015, se requerirían más de 200 mil millones de dólares anuales. Situación de difícil cumplimiento. Río 20 llega con muchos incumplimientos, con agendas sociales atrasadas y profundos problemas ambientales no resueltos (escasez social y natural del agua y cambio climático, etc). Sin embargo, no nos confundamos; que seamos escépticos no significa que tengamos la certeza de todas las cosas. Latinoamérica ha presentado positivos e interesantes avances por el derecho humano al agua y al saneamiento tanto jurídica como fácticamente. Lo podemos ver en Uruguay, Venezuela, Bolivia y Ecuador. En otra sintonía, Argentina y Brasil. Luego seguirían Colombia y Perú. El caso de Chile presenta una priorización absoluta de la propiedad privada sobre el agua, con lo cual lesiona toda aproximación de ésta al bien común y derecho humano esencial. Creemos que la participación ciudadana como se va a reflejar en la Cumbre de los Pueblos puede aportar una energía importante para que hagamos nuestro aporte en los distintos ejes que se debatirán. Desde el Pacto Público del Agua con su capítulo el Pacto Latinoamericano del Agua, creemos que la economía del bien común es superadora de la economía verde. Porque ésta última apuesta todo al desarrollo de los medios científicos y tecnológicos para solucionar los problemas ambientales. Ello derivaría en distintos niveles de mercantilización de la vida. Con su necesario proceso de monetización. En cambio el bien común implica una superación de la ratio individual y de mercado, para dar prelación a una propiedad comunitaria y particular en forma simultánea sobre los bienes comunes como el agua, la tierra, el aire y el tiempo. Al ser propiedad común, es de todos y cada uno y de la vida. No se puede vender ni comprar. Esta concepción implica una revolución cultural para el siglo XXI. Por eso es importante que se realicen de parte de Unasur, de la OEA y la ONU la proclama de los bienes comunes sobre la Tierra. Que se establezca también como derecho humano esencial el derecho a dichos bienes, para efectivizarlos, gozarlos y usufructuarlos. Siguiendo al profesor Riccardo Petrella, a la gobernabilidad del agua de la economía verde anteponemos el gobierno participativo del agua. Y a la acumulación de riqueza le anteponemos como superación antitética la justicia social junto a un biocentrismo también equitativo. Entonces el bien común viene a recuperar los procesos comunitarios que tienen todas las sociedades. Las sociedades regionales como América Latina deberían conformar la Comisión o Autoridad Regional de Bienes Comunes y la ONU, como sociedad internacional, tendría que conformar la Comisión o Coordinación Mundial de Bienes Comunes. Así toda afectación ilegal e ilegítima a los bienes comunes se transformaría en un delito de lesa naturaleza.
América Latina tiene mucho para proponer y decir sobre un nuevo paradigma del bien común y del agua en particular, donde la valorización sea divorcial, alternativa y superior al precio del mercado.
Se le adjudica a San Agustín de Hipona el plantear que en la vida hay dos preocupaciones importantes, una es la de vivir con esperanzas y la otra tener esperanzas sin ningún motivo. Esperemos que Río 20 pueda dar los motivos para tenerla.
(*) Participante de Río 20 (Cumbre de los Pueblos).
Doctor en Ciencias Jurídicas y Sociales. Licenciado en Ciencias Sociales y Humanidades