Viernes 02 de Julio de 2010
El mercado de los biocombustibles volvió a moverse fuerte después del anuncio de la firma Renova de lanzar una inversión de 350 millones de dólares para la construcción de una nueva planta procesadora en la localidad de Timbúes. La obra, que demandará dos años, se completará con un puerto exportador y una turbina para la generación propia de energía. El anuncio de la empresa, que pertenece en partes iguales a Molinos, Vicentín y Oleaginosa Moreno, se enmarca dentro de una segunda tanda de inversiones en plantas de biodiesel comandada por los grandes jugadores del sector, tal como lo consignó este diario en el edición del sábado pasado.
El proyecto de Renova se conoció casi en simultáneo con el anuncio de la presidenta Cristina Fernández de subir el porcentaje obligatorio de combustibles verdes en las naftas que se comercializan en el país, que pasará del 5 por ciento actual a un 7 por ciento el mes que viene, y probablemente a un 10 por ciento en el mediano plazo. Esto generará un aumento significativo de la demanda interna, a lo que hay que sumar la necesidad permanente de abastecimiento por parte de los países europeos. Argentina produce en la actualidad 2.500.000 toneladas de biodiesel anuales, de las cuáles 700.000 se destinan al mercado interno.
Renova está controlada por Molinos (la pata alimenticia de Pérez Companc), Oleaginosa Moreno (del grupo de origen suizo Glencore), y Vicentín, la sojera oriunda del norte de Santa Fe. Las tres socias manejan el 33 por ciento de sus acciones y participarán en partes iguales de la inversión, para la que desembolsarán cerca de 116 millones de dólares cada una. Renova, que ya posee una planta en San Lorenzo con capacidad para producir 480.000 toneladas de biocombustible, es una de las dos mayores exportadoras de biodiesel del país, una posición que quiere reforzar con el anuncio de esta inversión. También elabora glicerina cruda y glicerina refinada.
Según informó Molinos en un comunicado enviado esta semana a la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, las obras durarán dos años y además de la planta incluirán la construcción de una turbina para garantizar el suministro autónomo de energía eléctrica y de un puerto desde donde se exportarán los productos procesados en la usina. La firma alimentaria del grupo Pérez Companc concretará así su segundo desembarco en la región dentro del rubro de los biocombustibles, ya que desde hace dos años opera una fábrica con capacidad para producir 120.000 toneladas. "El objetivo detrás de la construcción de esta nueva planta de molienda de poroto de soja es mantener el liderazgo en el complejo mundial de soja a través del uso de las mejores tecnologías disponibles, para alcanzar la producción más eficiente posible para los consumidores finales en todo el mundo", aseguró la firma.
Corte. El anuncio de Molinos se conoció casi en simultáneo con la decisión presidencial de aumentar el porcentaje obligatorio de combustible "verde" en las naftas que se comercializan en Argentina. Hasta ahora, la ley estipulaba la obligación para las petroleras de cortar sus combustibles con un 5 por ciento de etanol para las naftas y otro 5 por ciento de biodiesel para el gasoil. En su momento, esta medida llevó a que las grandes cerealeras que operan en el país, como Bunge y Aceitera General Deheza, decidieran lanzarse de lleno al negocio de los biocombustibles, ya que a la perspectiva exportadora se sumó una fuerte demanda interna por la nueva regulación. Ese escenario mejoró todavía más esta semana después que Cristina Fernández anunciara que el corte de biocombustibles en las naftas trepará hasta el 7 por ciento a partir del mes de agosto.