Viernes 16 de Abril de 2010
Me pareció excelente la actitud del titular de la GUM, Mariano Savia, quien preocupado por una carta del pasado domingo donde el lector se preguntaba dónde se pueden denunciar las infracciones de tránsito, respondió con otra carta el lunes dando el mail para hacerlas. Quiero comentar y consultarle lo siguiente: visto y considerando la cantidad de limpiavidrios que se multiplican en las principales esquinas de la ciudad, pienso que ya no es posible considerar a nuestro vehículo (adquirido y mantenido con tanto esfuerzo) como una propiedad privada; ya no es posible ni si quiera actuar porque nos gana el temor de ser golpeados, amenazados o que atenten con el auto mismo. Me siento atemorizada y ya no se qué hacer, ruego a que el rojo de los semáforos espere un poquitito más a que yo pase, y si debo detenerme, me quedo más atrás o más adelante, o simplemente rezo por mi integridad cuando veo a tres tipos abalanzándose sobre el vehículo. Me siento vulnerable e insegura, y eso que si se quiere un vehículo es algo de relativa seguridad. Ya no se que esquina tomar, la ultima vez que se me pararon 3 hombres en el vidrio uno de ellos comenzó a preguntarme si el anillo que llevaba puesto era porque yo estaba casada. Fue el semáforo rojo más largo y tenso de mi vida. Pregunto: ¿acaso es justo sentirse tan intimidados por estos individuos? Y no se puede decir que solo le pasa a las mujeres, porque ya no hay discriminación de género. Mi consulta a Savia es si la GUM puede considerarse un medio adecuado para actuar en estos casos, aunque sea patrullando las esquinas clave. Sé que su respuesta va a aclarar la duda y el malestar de varios conductores que experimentan las mismas sensaciones que yo.
Jorgelina Colella, jorsol85@hotmail.com