Sábado 14 de Noviembre de 2009
Sebastián Pira puede volver a pisar la ciudad de la que se escapó 12 años atrás sin temer
consecuencias penales por el accidente que protagnizó en marzo de 1997, cuando atropelló y mató a
dos chicas en la esquina de Salta y Oroño. La única causa que permanecía abierta en su contra
prescribió por el paso del tiempo y por eso, a más de una década de su escandalosa fuga, fue
sobreseído. Esto significa que Pira queda libre de reproche y ya no podrá volver a ser acusado por
el caso.
El juez de Instrucción Osvaldo Barbero dictó el sobreseimiento de Pira
porque se cumplió el plazo máximo para que la causa siga inactiva. Lo hizo en la causa por la
muerte de Daniela Caruso, que había sido encuadrada como un homicidio intencional y por lo tanto
tenía pena más grave. La otra causa, por la muerte de Celeste Haiek, había prescripto en 2004.
En mayo pasado el defensor oficial Oscar Loberse había solicitado que se
dictara la prescripción de la causa que tiene como víctima a Caruso por el tiempo transcurrido sin
novedades en el expediente. El último acto capaz de postergar la prescripción había sido la
indagatoria del conductor, a pocos días del accidente.
Para que se interrumpa el conteo hacia la prescripción no basta
cualquier medida judicial: es necesario un acto que demuestre el interés del Estado en seguir la
acción penal. Esto no puede ocurrir con el sospechoso prófugo. Si bien Pira afrontó un truncado
juicio de extradición en 1999, eso no cuenta porque ocurrió fuera del país.
El juez Barbero primero rechazó el pedido de Loberse porque, antes de
expedirse, quería saber si Pira cometió un nuevo delito durante su ausencia. Eso evitaría la
prescripción. El juez pensaba que a Pira podrían haberle abierto una causa en la Justicia holandesa
cuando estaba a punto de ser extraditado a la Argentina y escapó de aquel país. Pero no fue así:
envió un oficio a Interpol —la agencia que registra prontuarios a nivel internacional—
y desde allí informaron que la única causa abierta contra el conductor era la del homicidio de
Caruso.
Por lo tanto, Barbero concluyó que el proceso había llegado a su fin y
lo sobreseyó. Si bien la fiscalía puede apelar, si la medida queda firme su efecto es irreversible:
el joven que burló dos veces a la Justicia no recibirá condena. Barbero también dejó sin efecto el
pedido de captura internacional contra Pira, por lo que el joven ya puede volver a circular
libremente por el país.
La prescripción de las causas se produce porque el Estado no puede tener
a un sujeto bajo sospecha indefinida y alguna vez la persecución penal tiene que cesar. El plazo
máximo para que una causa se tramite sin movimientos es de 12 años.
Noche fatal. Pira tenía 21 años cuando protagonizó el accidente el 2 de marzo de 1999.
Concudía a 130 kilómetros por hora un Ford Galaxy por calle Salta y al cruzar bulevar Oroño
atropelló a María Celeste Haiek, de 22 años, y a Daniela Caruso, de 16. La primera de las chicas
murió en el acto por el golpe. Su amiga quedó aferrada al capó del auto, según las pericias que se
hicieron y el relato de testigos. Ante eso, en lugar de detenerse Pira avanzó más fuerte y en la
esquina de Salta y Balcarce se detuvo bruscamente por lo que la chica cayó al pavimento. Entonces,
el joven la pasó con el auto por encima y escapó. Pira estuvo un par de días prófugo hasta que
decidió entregarse en compañía de abogados.
Por la muerte de Haiek fue procesado como autor de un homicidio culposo
(no intencional) por el juez Correccional Edgardo Bistoletti (recientemente nombrado como Defensor
del Pueblo de la provincia). Pero con respecto a Caruso el mismo juez evaluó que se trataba de un
homicidio simple y envió el expediente al juez de Instrucción Barbero. El magistrado no compartió
el punto de vista de su colega. Consideró que se trataba de un hecho accidental y remitió la
discusión a la Cámara Penal. Cuando ese tribunal interpretó que correspondía la figura más grave,
no excarcelable, Pira huyó del país.
Dos años y medio después Interpol lo ubicó en el aeropuerto de Schiphol,
en Amsterdam, cuando estaba a punto de abordar un vuelo a Tel Aviv. Se realizó un juicio de
extradición con el joven bajo arresto domiciliario y a los dos meses un tribunal del distrito de
Harlem le otorgó la extradición a Argentina. Entonces Pira volvió a esfumarse para evitar la
sanción penal que, de la mano del paso del tiempo, nunca llegó. l