Piden 13 años para un universitario por el asesinato de Gabriela Núñez
Un fiscal solicitó que el estudiante universitario Andrés Soza Bernard sea condenado a 13 años de prisión por el crimen de la adolescente Gabriela Núñez, quien recibió un disparo en la nuca un año y medio atrás en la esquina de Sucre y San Juan. El encargado de la acusación requirió esa pena sobre el final del juicio escrito contra el joven, a quien consideró autor de un homicidio agravado por el uso de arma de fuego. El fallo se dictará tras la feria de enero.

Lunes 07 de Diciembre de 2009

Un fiscal solicitó que el estudiante universitario Andrés Soza Bernard sea condenado a 13 años de prisión por el crimen de la adolescente Gabriela Núñez, quien recibió un disparo en la nuca un año y medio atrás en la esquina de Sucre y San Juan. El encargado de la acusación requirió esa pena sobre el final del juicio escrito contra el joven, a quien consideró autor de un homicidio agravado por el uso de arma de fuego. El fallo se dictará tras la feria de enero.
  El planteo realizado por el fiscal Eduardo Valdez Tiejten en el juzgado de Sentencia a cargo de Carina Lurati fija el tope de la pena que podría recibir el acusado en caso de ser condenado. El fiscal consideró que las pruebas reunidas ubican a Soza en el lugar del hecho como autor de un ataque intencional y por eso pidió que lo condenen.
  Su defensor, el abogado particular José Luis Vázquez, aún no expresó su alegato. Pero durante el juicio planteó que no existen pruebas para acusar al estudiante de Ciencias Económicas. De modo que planteará la inocencia de su cliente y reclamará que sea absuelto.
  Los familiares de la víctima, por su parte, se constituyeron como actores civiles para poder litigar en la causa y formularon una demanda de resarcimiento económico contra el muchacho de 24 años. El reclamo oscila los 900 mil pesos por daño moral y material. “Estamos convencidos de que existe absoluta certeza para condenar. La investigación es muy profunda”, señaló el abogado de la familia Núñez, Jorge Juan Bedouret.

La clase de inglés. Soza está detenido en la alcaidía mayor de la Jefatura desde el día posterior al homicidio, ocurrido el 5 de agosto de 2008 cuando la chica de 16 años salía de un instituto de Mendoza al 4800 donde estudiaba inglés. Esa noche, poco antes de las 20, la adolescente salió caminando por calle Sucre hacia San Juan para tomar un colectivo a su casa de la zona oeste. En la esquina se encontró con Andrés Soza (quien mantenía con ella una relación paralela a su noviazgo formal), discutieron y el joven le efectuó un disparo en la nuca. Luego escapó en auto.
  El padre de Gabriela se encontró con la chica, que había quedado en el piso, sobre un charco de sangre, cuando fue a buscarla al instituto de inglés, preocupado porque no volvía a su casa. Minutos antes la adolescente le había mandado a una amiga un mensaje de texto que anunciaba su final: “Andrés me quiere matar”. Fue la primera señal que puso a Soza bajo sospecha.
  Esa noche, dos horas después del crimen, se presentó en la comisaría 30ª donde trabajaba un primo policía. Confesó allí que se le había “escapado un tiro” en medio de una discusión con la chica, pero luego en Tribunales se desligó. Entonces admitió la discusión con la adolescente pero manifestó ella le dio “un manotón en el pecho” y él se fue del lugar. En su declaración deslizó sospechas hacia personas que habrían pasado en una moto con fines de robo. Eso fue descartado por la jueza Alejandra Rodenas cuando procesó a Soza en base a numerosos indicios.

Testigo en duda. La versión de los motociclistas volvió a surgir en el juicio. Allí un testigo ofrecido por la defensa planteó haber visto a dos personas que escapaba en moto apenas escuchó el disparo. Ese testimonio lo brindó el amigo de un matrimonio de la cuadra, a cuya casa la madre de Soza acudió en varias ocasiones como médica pediatra de una empresa de emergencias médicas.
  En una de esas visitas, según una fuente de la defensa, los dueños de casa le comentaron a la madre del imputado que un amigo estaba en su auto en la puerta el día que mataron a Gabriela y por eso fue ofrecido como testigo.
  El fiscal descalificó ese testimonio. Planteó que, más que relatar un suceso presenciado, el testigo parecía repetir situaciones “aprendidas” que “tratan sin suerte variar el curso de los hechos”. Para el abogado de Soza Bernard, en cambio, el testimonio es veraz y por eso le reclamó al fiscal que lo valore o lo acuse por falso testimonio.
  “Es un testigo que ofrece muchas dudas. Dijo que estaba esperando a su amigo en el auto, vio una moto por el espejo retrovisor, se asustó y se fue. Pero no pudo acreditar que estaba en el lugar”, evaluó Bedouret. “Se quiere simular un robo, pero el celular de Gabriela estaba en suelo _añadió_. Está acreditado por pericias médicas y de balística que el ataque fue cometido por alguien conocido que la agarró de pelo, le golpeó la cara contra la vereda y la fusiló con un disparo que entró por la nuca y salió por el oído. Quien roba no ataca de este modo”.