Miércoles 28 de Septiembre de 2011
Si este es el escenario que queremos, ¡qué cerca de la anarquía estamos! Parece ser que cualquiera (por más derecho que tuviera) decide sobre nuestras vidas y pasamos a ser parte del trofeo. El lunes cuando mi hija de 5 años regresó de la escuela, nos dio la buena noticia: "Papá, mañana tampoco tengo clases". Cuando leíamos incrédulos la nota de la maestra sobre el por qué en su cuaderno de comunicaciones, honestamente no lo podíamos creer, pero en esta sociedad todo es posible. Ninguno de nosotros (padres) desconoce la capacidad de los maestros en racionalizar sus tareas de enseñanza, administradores de la comida de los niños en algunos casos, psicólogos y contenedores y hasta soportes de las necesidades diarias de los chicos. Pero mis estimados lectores ¿hasta dónde esto justifica derecho? Y dónde hablo de este proceso de pretensión de un nuevo marco regulatorio a la edad de jubilarse. Señores esto desencaja una estructura que debería tener una revisión de todos aquellos que estamos laboralmente activos, y digo porque no todos nosotros tendríamos los mismos derechos. Si es necesario ver caso por caso es lo que se debería hacer, porque no todos aquellos que están en la enseñanza están dentro de la misma problemática, y en esto sí debería hacer referencia y exigir al Ministerio el reacondicionamiento de las tareas de un maestro, que es enseñar y que psicoanalicen aquellos que deban hacerlo, que den de comer los que saben, que el gobierno subsidie situaciones extremas para la educación y resumiendo ustedes dedíquense a enseñar que nuestros hijos lo necesitan y que la comunidad educativa siga teniendo el prestigio que siempre tuvo. Ahora sí viene la pregunta final, ¿era necesario el paro no docente para sumarlo al de los maestros? Hay momentos en que los dirigentes deben pensar más en la sociedad que en sus mezquinas posiciones.
Guillermo V. Ferreyra, gferreyra26@hotmail.com