Jueves 12 de Noviembre de 2015
"Giselle", obra maestra del siglo XIX, fue elegida por Paloma Herrera para la despedida en Rosario. La misma con la que cerró este año su notable trayectoria en el American Ballet Theatre y en el Colón. Basada en la creación original, la coreografía de esta joya del ballet romántico fue creada por Maximiliano Guerra, actual director del Ballet Estable del Colón.
Luego del planteo inicial de la historia, en su ingreso a escena, Paloma tuvo un afectuoso recibimiento con sostenidos aplausos del público que colmó el teatro El Círculo. Con vestuario de época y ambientación precisa, la historia fue contada con la estética romántica que posee la obra y el rigor técnico de los protagonistas.El diseño de la puesta en escena fue austero, ofreciendo un tratamiento estético que transmitía serenidad y belleza.
En el contexto de una fiesta de vendimia en un pueblo junto al Rhin donde vive Giselle, Paloma le impone a su personaje la gestualidad necesaria para interpretar a una frágil e inocente doncella que ama bailar y que vivirá una historia de amor y desengaño.
La música de Adolphe Adam tiene un recorrido por distintos climas. El primero es de tensión, para enmarcar el primer encuentro de Giselle con su pretendiente Albrecht, personaje que eficazmente protagoniza Juan Pablo Ledo. Otro segmento tenso fue la disputa por el amor de Giselle entre Albrecht e Hilarión, el guardabosque que encarna el bailarín armenio Vagram Ambartsoumian.
Con estilo.Planteados los personajes centrales, el primer acto aporta la tarea de doce parejas de bailarines que con su correcto desempeño enriquecen la coreografía de Guerra. Paloma muestra en varios pasajes su estilo propio, el que ha sido considerado desde el inicio de su carrera como uno de sus mayores méritos en la danza.
La llegada a la fiesta del Duque y su séquito permitió el lucimiento colectivo en donde el público reconoció el encanto del segmento de Pas Paysan (dúos de paisanos). El acierto en el armado del elenco (todos del Ballet Estable del Colón), aportó solidez a la puesta.
Si bien el final del primer acto es trágico, predominaron la belleza y la alegría de Giselle y la fina figura de Paloma actuando notablemente su locura y su muerte.
Su brillante desempeño individual, mostrando el enamoramiento de Giselle, despertó ovaciones y algunos infaltables "¡bravo!". Al desenlace de su muerte provocado por el desengaño amoroso con Albrecht, se llega con hondo dramatismo y lograda expresividad.
Durante el intervalo (20 minutos), el público habitué de la danza hacía notar que era una noche especial, de tributo a una figura mundial que se retira en plenitud.
A su edad (en diciembre cumple 40), Paloma Herrera conserva intactas su capacidad, justeza y precisión de movimientos. En el universo de la danza, se le reconoce una carrera que nunca tuvo altibajos.
Con clima musical de suspenso, el segundo acto se inicia con Hilarión, uno de sus enamorados, hincado ante la tumba de Giselle. La estética visual no decayó en calidad y sumó luminosidad al último acto.
Cuando le toca bailar en soledad, la figura de Paloma Herrera se desliza, fluye en el escenario con movimientos estéticamente brillantes y demuestra su refinada técnica.
También luce en este acto la figura de Ledo buscando desesperadamente y arrepentido la tumba de su amada. Logra la expresión y el dramatismo que amerita el tramo y cuando Giselle se hace visible se produce uno de los momentos más logrados y esperados: cuando los enamorados se reencuentran.
Este segundo acto contiene los segmentos más emotivos de la obra. Giselle salvará a Albrecht de las Willis, fantasmas femeninos que obligan a los hombres a danzar hasta su muerte. Continuarán ese amor eterno desde diferentes mundos: ella descansando en paz en su tumba y él en su vida terrenal.
"Giselle" se disfruta por las coreografías de Guerra, por la capacidad de Paloma y sus partenaires y también por la belleza de las composiciones musicales.
El telón bajó y subió varias veces; la ovación fue de pie. Paloma, exhausta y feliz, recibió el afecto y el reconocimiento que merece su impecable trayectoria. Antes del último saludo con todo el elenco, invitó al escenario a Maximiliano Guerra, quien también se llevó una larga ovación.
La gira continúa con funciones en Córdoba y culmina en Mendoza. Será su despedida definitiva luego de una carrera intensa, llena de éxitos en los escenarios más relevantes del mundo y con un reconocimiento unánime por parte del particular y exigente universo de la danza clásica.