Miércoles 28 de Septiembre de 2011
Cuando todo empezó, cuando sentimos ese todo como propio y vimos tanta gente comprometida en la búsqueda -conocidos e ignotos- unidos en el dolor y la esperanza, y el fervor tocó su punto máximo, fue que se escucharon los comentarios propalados de que la desaparición de Candela era un "punto de quiebre", que no "queremos más desapariciones de chicos", "esto no se va a olvidar como casos anteriores". Pero sí, lamento decir que se va a olvidar como otros tantos casos. Pero porque estamos aturdidos y confundidos, porque no esperábamos las aristas que día a día está mostrando la investigación del caso y por sobre todas las cosas porque estamos (o nos sentimos) defraudados. Fuimos desbandados como tantas veces en la causa común. Estamos defraudados, traicionados en nuestra buena fe, así lo sentimos, por los mismos que creíamos que ayudábamos y que ellos "estaban con Candela" (léase parientes y sobre todo la madre que fue quien despertó el fervor popular) y que ahora, el sentimiento general es que no jugaron limpio ocultando cosas, y hasta apareciendo comprometidos en la misma causa de su muerte. Estamos confundidos, porque así, cambiando de lugar y es más, no sabiendo donde poner nuestro enojo, perdiendo de vista el objeto de nuestra bronca, nos separamos, nos desbandamos como dije antes y, olvidamos. Digo esto no sin dolor, que considero finalmente en esto un sentimiento válido. Que quede claro lo importante: acá mataron a una inocente sin culpa del proceder de aquellos que nos "defraudaron" y nos falsearon. Una nena sin culpa también de nuestros mezquinos sentimientos de los cuales parece que hago apología en la presente, pero no es así. Es una mera descripción de parte de los hechos y la triste consecuencia de que, si pasa algo así otra vez, ya no hagamos nada, ¿para qué?, no te metás a ayudar, quien sabe en qué están metidos. Hay reacciones colectivas de toda clase, histerias colectivas, uniones colectivas que dan a luz la solidaridad. Pero también hay miedos colectivos. Que esto no nos paralice. En realidad no hay que olvidar. Hay que seguir siendo solidarios, sabiendo que esto en verdad acentúa que Candela fue una víctima que llevó la peor parte. Nuestra decepción, nuestra credibilidad vulnerada, nuestros sentimientos heridos, son nada a comparación de semejante horror.
Aníbal Meotto, anibalmeotto@hotmail.com