"No hay evidencia de consumo significativo en la provincia"

Jueves 29 de Abril de 2010

Las dependencias de salud de la provincia no registran evidencia de consumo de paco como problema epidemiológico significativo. La secretaria de Salud, Débora Ferrandini, discute con la idea de que el consumo produce criminalidad. "La delincuencia marginal y violenta no está tan asociada a la existencia de paco o alcohol como al orden injusto de la sociedad que priva de futuro a jóvenes. Es esto último y no la sustancia la que lleva a delinquir".

—¿Hay en los efectores provinciales evidencia de consumo o adicción al paco?

—No. El paco no tiene evidencia epidemiológica significativa. El grueso del consumo complicado en la provincia sigue siendo por lejos el alcohol, seguido de los psicofármacos y los inhalantes. En menor escala la cocaína. Sí tenemos noción de que hay importante consumo de droga muy degradada, pero no de paco. No quiere decir que no existan grupos o personas que puedan estar consumiéndolo. Pero no en una magnitud epidemiológicamente importante.

—Hace un año una jueza de menores contó que de los 500 implicados en delitos que tuvo en un turno mensual todos eran consumidores o adictos a drogas. Por lo cual los problemas de criminalidad se cruzan con los de salud pública. ¿Qué dimensión le da al fenómeno?

—El común denominador de la criminalidad que puebla los juzgados penales y el padecimiento de la salud pública es la pobreza. El consumo es un modo de enfermar de nuestra época y atraviesa las clases sociales: se manifiesta con obesidad, tabaquismo, objetos diversos. Pero en los pobres lo distintivo es el consumo de sustancias de muy mala calidad. Y para acceder a ellas muchas veces entran en circuitos delictivos. Por eso, a contramano del sentido común, no situaría en el consumo la causa de la criminalidad.

—Explíquelo mejor.

—Las drogas no son virus que llegan y nos infectan. Que haya sustancias consumibles no determina que las consumamos. El problema es cuando estamos en condiciones de vida material o cultural que nos llevan a consumirlas de manera problemática. Esto ocurre en una prevalencia mayor en sectores pobres, en jóvenes que no tienen perspectivas ni proyectos vitales, que no circulan más allá de 300 metros de su lugar de residencia donde se termina su mundo. Y que son bombardeados con una cultura consumista. Esto explica que el consumo problemático sea extendido entre los sectores jóvenes más pobres y que un grupo de ellos recurra a conductas al margen de la ley para entrar en estos circuitos de consumo.

—El paco es muy destructivo y muy accesible a las franjas pobres. Eso dispara la idea de que el consumidor producirá violencia antes de la pregunta de cómo evitar ese consumo.

—El sanitarista Ramón Carrillo lo dijo brillantemente: "Frente a la miseria que genera enfermedades y el infortunio social de los pueblos, los microbios como causa son una pobre causa". Eso fue en 1945. Hoy diría que el paco es una pobre causa para explicar por qué los jóvenes ingresan en circuitos delictivos. Es más razonable pensar que entran porque están fuera de proyectos que les impiden pensarse en el día de mañana. Se matan con paco como podrían hacerlo mediante suicidios. De hecho en nuestra provincia el suicidio es un problema más importante que el homicidio. Echarle la culpa al paco de la criminalidad nos puede dejar muy tranquilos a funcionarios pero es bastante cínico. Digo esto sin dejar de reconocer que el combate a la difusión del paco es muy importante. Pero no hay que dar a las sustancias un poder que no tienen en sí mismas.

—Desde los juzgados penales y la prensa hace mucho que se plantea que la provincia carece de infraestructura para abordar el fenómeno de las adicciones. ¿Cuál es su valoración?

—Depende desde qué modelos pensamos las intervenciones. En el gabinete social en la provincia —las áreas de Salud, Seguridad, Desarrollo Social, Cultura— las intervenciones tienen que ver con el ámbito de lo cultural y económico. Esto es anotar el valor de la integración de los jóvenes a proyectos de vida posibles, lo que implica construir otro orden. No creemos que sea buena estrategia recluir a quien tiene consumos problemáticos. Me refiero a alojar a estos chicos por tiempo prolongado en instituciones cerradas. No tiene efectos terapéuticos comprobados.

—¿Cuál es la alternativa? Porque frente a la situación de criminalidad producida por personas adictas es habitual pensar que el problema es que no hay institutos cerrados para atenderlos.

—Lo medianamente efectivo desde el campo terapéutico son estrategias singularizadas que vayan vinculando a cada joven en la sociedad, en ámbitos laborales, en espacios culturales cifrados en otro tipo de jerarquías y valores, básicamente en proyectos solidarios donde ellos se sientan protagonistas. Esto no excluye períodos de internación en hospitales generales cuando el sufrimiento subjetivo es muy grande. Pero las estrategias son ambulatorias. Toda la red de servicios de salud y Desarrollo social están haciendo mucho hacia estos jóvenes. Ahora en Rosario está en trámite la concreción de distintos centros de día para jóvenes con este tipo de problema. A veces la ausencia de instituciones cerradas se plantea como falta de respuesta del Estado. Pero esta gestión no comparte que esos institutos resuelvan problemas.