Domingo 29 de Noviembre de 2009
"Pibes que tiran como locos y mueren como perros". Esa es la frase que impera cada vez que se va a Tablada a escribir la crónica policial de otro pibe muerto. El 21 de septiembre de 2008, bajo el título "En cuatro años hubo 13 muertes por disputas entre bandas en Tablada", en esta sección del diario se publicó una nota especial sobre los homicidios que transformaron las calles de ese barrio del sudeste de la ciudad en un campo de mortajas. La crónica reflejaba las voces de un mayoritario segmento de vecinos que decía estar harto de las peleas entre bandas antagónicas que pelean por el control de la calle. "No hace falta ser narco o choro para que te maten a tiros. Le puede pasar a cualquiera", explicaban.
Desde entonces nada cambió. O lo que es más terrible, empeoró: 16 homicidios en lo que va del año en Tablada. Las causa son múltiples. Peleas entre pibes sin calma transformados en soldados de los narcos que intentan adoctrinar a los que no saben cómo es eso de honrar sus deudas. Maleantes enfrentados con hampones rivales por una mujer. Venganzas y reyertas entre borrachos o drogados. O simplemente atravesar por un sector que el pesado de turno indicó que estaba vedado. Y esa manía de dirimir conflictos a los tiros. "Si vos venís y me pegás un tiro en una gamba, yo voy a ir y te voy a pegar cinco tiros. Pero en las gambas. No en la cabeza. Algunos pibes eso no lo están entendiendo", explicó un peso pesado en el mundo del hampa de Tablada que sabe de códigos.
Ya nadie cree. Los vecinos ya no creen en nadie ni en nada. Y hablan de una violencia normalizada donde “te puede tocar”. De que “si pones la moneda (a la policía), todo se puede arreglar”. Que “los narcos arreglan y ustedes saben que hay deliberys de falopa que se hacen con móviles policiales”. Rehenes del repliegue de un Estado que deja un vacío de poder que rápidamente es dirimido y cubierto por quien es más fuerte para ocuparlo. Y una violencia normalizada que casi siempre termina, o empieza, son el silbido de las balas. “El mejor sistema de justicia en Rosario es el de Tablada”, graficó no hace mucho tiempo un experimentado pesquisa: “No cumplís y te cagan a tiros”, agregó. Y también hay policías que piden que no se juegue con los muertos. “Eso rompe los códigos adentro y afuera”, comentó uno.
Tablada también es sentir que los nombres o apodos de los personajes envueltos en los crímenes ya fueron escuchados en otros hechos. Para el ejemplo: Sergio Barrios fue asesinado el 11 de enero en Patricias Argentinas al 4800. Por su crimen fue detenido Milton D., un pesado ex integrante de la gavilla de Guillermo Torombolo Pérez, muerto con 24 años en febrero de 2008.
Milton D. formaba parte de esa pandilla junto a Marcelo Monedita Núñez, asesinado de un tiro en la cabeza en enero de 2007 cuando tenía 17 años. Y con Joel Alcaraz, acribillado a principios de este mes, cuando tenía 19 años. Milton D., sólo durante 2008, recibió una decena de balazos en dos episodios y su nombre sonó en la investigación del homicidio de Paulo Pichi Acosta, de 24 años, muerto a tiros en Médici y Lola Mora en septiembre del año pasado. Está enfrentado con Joel S. y Fernando M.. Los tres estuvieron en la carpeta de los investigadores por el crimen de María Benegas, de 78 años, muerta el 30 de diciembre cuando tomaba aire en la vereda de su casa de 24 de Septiembre y Necochea. Fernando M. está detenido por el crimen del albañil Gustavo Acuña, ocurrido el 23 de octubre en Ayacucho al 4000. Y así, la historia se sigue trenzando sin nunca acabar.