Lunes 15 de Febrero de 2010
A Carlos Halcón Cáceres nadie le quita de la cabeza que detrás de la muerte de su hijo Walter está, como un fantasma al acecho, la figura de Roberto Pimpi Camino, el ex jefe de la barra brava de Newell’s Old Boys. Y que la emboscada que terminó con su hijo muerto tiene que ver con una guerra por el control del paraavalanchas principal del Coloso del Parque. El hombre no tiene problemas en contar que estuvo, siempre como hincha, alentando en la tribuna en los tiempos de Pimpi. Y que en alguna oportunidad hasta compartió un asado con él. Cuando se le pregunta si lo creé capaz de organizar la emboscada en cuestión, Cáceres dijo: “Creo que sí. Pimpi es un tipo recto, de los que te dejan las cosas en claro: «A mí no me cagués porque la vas a pasar mal». Vos lo mirás a los ojos y es como que vieras al mismísimo diablo”.
—¿Cuando empezó a ir a la cancha qué barras estaban?
—El Rata Rodríguez; el Gordo Bombo, el Loco Demente, el Negro Peralta, había muchos. Fue en la década del 80, cuando se peleaba sólo por defender los trapos (como se reconoce en la jerga a las banderas).
—¿Y cómo se llegó de pelear por una bandera a pelear por un negocio?
—En los ochenta nosotros salíamos 30 o 40 personas de Cerrito y Barra. Veníamos hasta 27 de Febrero caminando. Nos tomábamos el 57 (ahora el 123) y nos íbamos a la cancha. Tranquilos, sin pelear con nadie. Después todo fue creciendo y se fue degenerando.
—Siempre se habla del quiebre de los códigos. ¿Cuándo fue ese quiebre en Newell’s?
—Antes vos estabas con otros 20 hinchas y veías que venían los del cuadro rival. Lo que pensabas era: «Nos van a chorear los trapos. Vamos a aguantar los trapos». Y se peleaba por eso. Con la llegada de Pimpi se quebraron todos esos códigos. Ya no existen más. Empezaron a ser importantes otras cosas.
—¿Usted dijo que en alguna oportunidad compartió un asado con Pimpi?
—Sí, cuando viajábamos. Es un tipo serio, al menos como yo lo conozco. Después, cuando empezó a tener sus macanas, yo me abría porque no quiero estar involucrado en nada. Pensaba en mi familia. Mirá si terminaba en cana.
—¿Cómo piensa que toma Pimpi su denuncia?
—Yo pienso que Pimpi debe estar mal. Debe decir: «Mirá estos pelotudos. Se equivocaron de tipo y mataron a este pibe que es hijo de un conocido». Yo nunca le falté el respeto a él. Yo siempre fui por la lepra y nada más.
—¿Por qué piensa que hay tantos hinchas de Ñuls que denunciaron públicamente que le temen a la barra de Pimpi?
—Porque te tenían siempre zumbando. El te daba la entrada y quería que alentaras. «!Eh¡, ¿para qué te di la entrada? Acá se viene a alentar a la lepra», te gritaba. Y por ahí te ponían un castañazo detrás de la oreja. Y estaba bien. Si te daban la entrada por lo menos alentá y saltá.