Martes 25 de Octubre de 2011
Y era así nomás. El matrimonio legal y religioso unía para siempre a la pareja. Una mujer y un hombre con la esperanza de generar otras vidas en el marco de una relación estable. Mentalmente llegaban dispuestos a ocupar sus lugares, cumplir sus deberes y defender sus derechos. Así descripto suena muy sencillo y justificado. Pero el transcurrir del tiempo, nuevos hábitos de vida, la lucha femenina por ganar su lugar en la sociedad demostró que la original entidad del matrimonio fallaba, pues atendía primariamente la obediencia paternal y se transformaba en la cesión de una mujer al seno de otra familia sin considerar los sentimientos de los contrayentes. Todo fue cambiando: forma de relacionarse, libertad para elegir al otro, presentación ante las familias, solidez del sentimiento, mutua adaptación. Ya entrábamos en una etapa en la que, aceptablemente, todos estaban conformes con la situación. Pero aún no se llegaba al nudo gordiano de la cuestión: el sexo, el compartir vida íntima y lecho con alguien desconocido en ese sentido. Se cumpliría el sueño, se compartiría todo, se respetaría la fidelidad, la tiranía del tiempo no traería aparejado el aburrimiento. Había una sola manera de saberlo y era la anticipación del hecho. El mundo entero admitió relaciones prematrimoniales, temprana pérdida de la virginidad, el previo convivir, la separación de la pareja ante el engaño y el desencuentro o la cobardía de permanecer juntos ante una infidelidad. Pasaron a último plano los procedimientos para legalizar las uniones o proveer un apellido para los hijos. El interés de la pareja se volcó al reparto de bienes en los casos de separación. Surgieron como hongos consejeros matrimoniales y abogados especializados en separación de bienes. Ultimamente, aparece la denominada "igualdad de géneros" ante la que yo, desconocedor del tema, no tengo absolutamente nada que comentar. Solamente sé que una genuina y anatómicamente constituida mujer que quiere ser madre va a luchar por serlo mientras un genuino y anatómicamente constituido hombre tiene lo necesario para hacer feliz a esa mujer cuando ambos hagan realidad el sueño de los hijos. Esto fue así antes, es ahora y será en el futuro.
Rubén Mario Baremberg, DNI. 6.012.531