Martes 24 de Noviembre de 2009
Los investigadores de la Unidad Regional V lucían ayer desconcertados por la actitud de un chico de 16 años que vive en la pequeña localidad de Garibaldi, a 50 kilómetros de Rafaela. El adolescente mató de una perdigonada a un amigo mientras manipulaba una poderosa escopeta calibre 12.70 que, según se descubrió tras el accidente, había sustraído de la seccional policial del pueblo. El caso derivó en el pase a disponibilidad de un suboficial que estaba a cargo de la comisaría y del policía que estaba de guardia el día en que ocurrió el extraño episodio.
El hecho causó consternación en Garibaldi, un pueblo en el que viven unas 400 personas, ubicado a unos 250 kilómetros al noroeste de Rosario. Es que los protagonistas de la historia son dos muchachos que no tenían ningún tipo de antecedentes penales y, según fuentes policiales, eran conocidos y queridos en el lugar. El chico que falleció se llamaba Ezequiel Espinoza y tenía 17 años. Según fuentes policiales, el muchacho se encontraba el viernes a la noche en la casa de un amigo suyo, Rubén B., de 16 años. "Eran muy amigos, por eso todo parece indicar que fue un accidente", dijo anoche a LaCapital una fuente policial.
Rubén B., de acuerdo a los voceros, vive en la casa de sus abuelos ya que sus padres están separados. Esa vivienda se encuentra a unos 50 metros de la subcomisaría 24ª. Por causas que hasta ayer no pudieron ser establecidas, Rubén y Ezequiel manipulaban una escopeta 12/70 tipo Itaka. De acuerdo a las fuentes en un determinado momento, cuando el arma estaba en las manos de Rubén se disparó y una perdigonada impactó de lleno el pecho de Ezequiel.
La primera reacción de Rubén fue pedir ayuda, pero tal vez producto del susto que se llevó inventó una historia que enseguida resultó poco creíble. Dijo que los había sido sorprendido un hombre encapuchado que intentó asaltarlos y que en una reacción de resistencia de Ezequiel el presunto delincuente apretó el gatillo. Lo cierto fue que el pibe herido falleció prácticamente en el acto. Pero hubo algo de esa versión que no cerró a los investigadores, por lo que volvieron a interrogar a Rubén.
Así fue como el chico admitió su responsabilidad y aseguró que todo se trató de un accidente desgraciado. También dio precisiones de dónde estaba el arma. La Itaka estaba debajo de unos arbustos en el patio trasero de la casa de sus abuelos. Pero el triste episodio derivó en una insólita situación que dejó mal parados a los escasos agentes con que cuenta el pueblo. La escopeta figuraba como parte del armamento oficial de la sub 24ª. Ninguno de los cuatro agentes de la dependencia había advertido la faltante hasta que se produjo la muerte de Ezequiel.
Según trascendió, Rubén se introdujo por una ventana lateral de la comisaría cuando los único efectivo afectado en el lugar había salido a dar una vuelta por el pueblo. "No sabemos fehacientemente qué intenciones tuvo el chico. Creemos su accionar tuvo como fin vender la escopeta", sostuvo un funcionario policial.