Miércoles 09 de Diciembre de 2015
"Según cómo se mire, es el peor o el mejor dato", dijo ayer una fuente del gobierno provincial en relación a la entrevista que hoy mantendrán los designados ministros de Seguridad y de Gobierno de la provincia, Maximiliano Pullaro y Pablo Farías, con la próxima ministra de Seguridad nacional, Patricia Bullrich, para analizar los cuatros años que tienen por delante. De allí que un asalto tipo comando a un destacamento policial en el límite de las barriadas populares más densamente pobladas de Santa Fe "es un claro indicio de que la provincia necesita ayuda en materia de seguridad".
La noticia que conmocionó al gobierno santafesino alrededor de las 18 del lunes se conoció por casualidad (tal cual informó un jefe policial a este diario) por el llamado de un vecino al 911 denunciando que un joven corría por la calle con un arma en la mano. Entonces desde la central telefónica contactaron al destacamento de la Policía Comunitaria ubicado en Salta y Solís, detrás del Hospital de Niños de la capital provincial. Como nadie respondía los llamados una patrulla fue al destacamento y se encontró con que en su interior estaban los seis uniformados de la guardia esposados y despojados. Habían sido víctimas de un robo.
Sin prejuicios. Sin el llamado casual al 911, según dijo el oficial Alexis Kiener, subjefe de la Región 3 del Nodo Santa Fe, no se habría descubierto tan rápidamente el hecho. Y eso generó una gran inquietud en las autoridades. En primer término porque quedó demostrado que se puede copar una comisaría con absoluta facilidad y dejar fuera de operaciones a sus ocupantes. En segundo lugar, porque tras robar armas, chalecos antibalas, equipos de comunicación, celulares y dinero a cada una de las víctimas los ladrones se fueron sin prisa y a pie. Cuatro de ellos fueron detenidos a las pocas horas y hasta ayer faltaba el quinto.
Prueba de esa conmoción oficial es que ayer, desde los despachos oficiales, no descartaban que en el hecho hubiere injerencia de alguna interna policial supuestamente ligada al recambio gubernamental que tendrá lugar e las próximas horas.
Escondidos. Los detenidos fueron encontrados a tres cuadras del destacamento asaltado, un contenedor reciclado en forma de oficina. Los maleantes se habían refugiado en una casa de pasaje Baigorria, entre Lamadrid y Mosconi, en Santa Rosa de Lima. Hasta allí llegaron los pesquisas siguiendo el rastro del GPS de uno de los celulares robados a los uniformados (tres hombres y tres mujeres de entre 23 y 28 años) a quienes además les sacaron el dinero que cada uno poseía, ocho celulares más un Nextel, ocho chalecos antibalas, seis pistolas reglamentarias calibre 9 milímetros y 4 equipos portátiles de comunicación tipo handys marca Vertex.
Los detenidos, cuyas identidades no trascendieron y están a disposición del fiscal Gustavo Urdiales, habrían llegado al lugar en dos motos y dispuestos a un operativo tipo comando que al menos requirió una mínima preparación previa sino una tarea de inteligencia. Mientras el oficial Alexis Kiener le dijo a La Capital que no hubo que lamentar heridos, otras fuentes hablaron de un asalto violento, con golpes y hasta un simulacro de ejecución gatillándole en la cabeza a una de las agentesesposadas. Los detenidos son dos hombres de 29 años, uno de 25 y un menor de 15 años.
Esa determinación premeditada del golpe, la cantidad y entidad del botín (los ocho chalecos y los handyes) que no pudo haber sido trasladado fácilmente y menos aún a pie, coadyuvan a las dudas que genera el relato oficial e incluso a la misma casualidad del llamado al 911 por el que se conoció el atraco. Esas dudas alimentan suspicacias u otras lecturas.