Lunes 16 de Enero de 2012
Las autoridades marítimas, los pasajeros y la creciente evidencia apuntaban ayer hacia el capitán del crucero que encalló y se escoró frente a la costa toscana, en medio de acusaciones de que abandonó el barco antes de que todos fueron evacuados de forma segura y presumía cuando dirigió el barco demasiado cerca de la costa. También ayer se renovaron las protestas de pasajeros porque no había suficientes chalecos salvavidas. "Nos peleábamos por los chalecos", dijo una turista italiana.
Buzos de rescate recuperaron ayer los cadáveres de dos ancianos en la sección sumergida del crucero de lujo Costa Concordia, debido a lo cual se elevó a cinco la cifra de víctimas fatales por el accidente.
Los buzos de la Guardia Costera, que recorrían las entrañas de la nave bajo agua, descubrieron los cuerpos que aún llevaban puestos salvavidas en el punto en el punto de reunión para casos de emergencia, cerca del restaurante, donde numerosos pasajeros comían cuando el barco, con más de 4.200 personas a bordo, golpeó un arrecife cerca de la isla de Giglio, dijo el comandante de la Guardia Costera, Cosimo Nicastro.
La cifra de desaparecidos se redujo a 17, de los cuales cinco son tripulantes y el resto pasajeros.
Un italiano que trabajaba en la cabina de servicio fue rescatado ayer con vida de entre hierros retorcidos. En la madrugada habían rescatado a una pareja surcoreana, Hye Jim Jeong y Kideok Han, de 29 años, que estaba de luna de miel y cuyos gritos fueron escuchados por un equipo de socorristas. "Los coreanos estaban en la cabina 303 en el octavo puente (fuera del agua) y se quedaron siempre ahí encerrados desde el naufragio", agregó.
El terror se apoderó de los pasajeros del Costa Concordia a la hora de la cena del viernes: primero hubo un fuerte sacudón, luego las luces se apagaron y en pocos minutos quienes estaban a bordo comprendieron que había ocurrido algo muy grave en el medio de la noche, mientras el crucero navegaba en aguas gélidas.
En el momento en que se escucharon las siete pitadas cortas y una larga que indican la orden de "abandono de la nave", el gigantesco Concordia se encontraba cerca de la isla del Giglio (frente a la costa de la Toscana, centro norte italiano).
El pánico se generalizó, algunos botes de salvataje quedaban amarrados donde estaban y nadie los bajaba, los pasajeros "se robaban" los salvavidas entre sí.
"Había pocos salvavidas, nos los sacábamos de las manos: el que yo conseguí estaba guardado detrás de una vitrina en un pasillo. Rompí el vidrio y me lo llevé", contó Antonietta Simboli.
"Pensé en la muerte. Aferré a mi hijo y lo apreté fuerte, mientras junto a mi mujer logramos conseguir tres salvavidas y escapar hacia el puente del barco a la búsqueda de una chalupa para abandonar el crucero", contó Pino Pannese, sin esconder su desesperación y estrés.
El capitán del barco, Francesco Schettino, un napolitano de 52 años, fue visto por funcionarios de la Guardia Costera y pasajeros cuando huía mientras la evacuación estaba en marcha.
El propietario italiano de la nave, una subsidiaria de Carnival Cruise Lines, dijo ayer que hubo al parecer "un error humano significativo" de parte del capitán "que resultó en estas graves consecuencias".
Las autoridades mantenían retenido a Schettino, quien afronta una investigación por homicidio involuntario y abandonar la nave, por lo que puede ser penado con hasta 12 años de cárcel.
Una pareja de franceses, Ophelie Gondelle y David Du Pays, dijo que vio al capitán en un bote salvavidas, cubierto por una manta, mucho antes de que todos los pasajeros estuvieran fuera de la nave.
Agentes de la Guardia Costera vieron a Schettino en tierra mientras la evacuación se desarrollaba. Los oficiales le instaron a regresar a su nave y honrar su deber de permanecer a bordo hasta que todo el mundo estuviera seguro fuera de la embarcación, pero él no les hizo caso, dijo el comandante de la Guardia Costera Francesco Paolillo. l (AP, Reuters y DPA)
Los fallecidos
Los dos ancianos fallecidos rescatados ayer eran un español, Guillermo Gual, de 68 años, quien formaba parte de un grupo procedente de Palma de Mallorca, y el italiano Giovanni Masia, de 86 años, de Portoscuso (isla de Cerdeña), que viajaba con su esposa de 83 años, su hijo, la nuera y dos nietos. Los rescatistas deben apurarse puesto que se teme que mañana empeore el tiempo y un mar de fondo desplace la nave, que se encuentra a 70 metros de un marcado declive del fondo marino.