Domingo 10 de Octubre de 2010
La enfermedad borra a veces las diferencias entre ricos y pobres, sabios e ignorantes, ignotos y famosos. Y es allí, en esa "igualdad", donde aparece el espejo en el que todos se miran. Ayer los canales de televisión y los portales no se cansaron de repetir la noticia: Carlín Calvo internado por un ACV hemorrágico. El carismático y querido actor, de 57 años, que ya había sufrido un accidente cerebro vascular hace años con secuelas visibles en su motricidad, está otra vez en riesgo, así lo dijeron los médicos, así lo saben todos. Aunque en medicina, como en la vida misma, no hay verdades absolutas, lo cierto es que "para una persona que tiene un ACV el peor antecedente es haber tenido otro ACV", una máxima que repiten los especialistas, basados en experiencias y estadísticas.
Pasó hace cuatro meses con Cerati, sucede ahora con Calvo, personas públicas, jóvenes aún, afectadas por un ataque cerebral, una situación que hasta no hace mucho se creía que sólo les afectaba a los más viejos. Lo cierto es que eso que le pasa a los famosos, les pasa a los desconocidos, porque todos los días cada 4 minutos un argentino sufre un episodio de esta naturaleza.
En Rosario, la edad de las personas que padecen un ACV descendió de manera alarmante en las últimas dos décadas, según la experiencia de profesionales de Ilar, que se encarga de la rehabilitación de estos pacientes. Antes, la mayoría de los afectados rondaba los 70, ahora no superan los 50.
Más allá del temor y la sorpresa que causan estas noticias, más allá de que se trate de Cerati o Calvo, es importante que sirvan para reflexionar y por qué no, para tomar precauciones al respecto. Porque aunque no se pueda trazar una línea directa entre causas y consecuencias lo cierto es que para sufrir un ACV hay que contar con ciertos factores de riesgo que propician ese acontecimiento. Hipertensión, colesterol elevado, obesidad, sedentarismo, diabetes, el hábito de fumar y, ocupando un lugar de privilegio en esta lista, el estrés, un elemento que suele ser determinante en estos casos.
La depresión, la ansiedad, ciertas características de personalidad juegan una relación estrecha con los episodios cardiovasculares.
Bajar un cambio, pensar cómo se está viviendo, qué se come, cuánta actividad física se realiza, cuántas angustias se "tragan" puede ser un ejercicio interesante que despierte el interés por cambiar eso que conspira contra la buena salud.