Lunes 11 de Octubre de 2010
Cuando un grupo de 33 mineros trasandinos quedó atrapado a 700 metros de profundidad el 5 de agosto, muchos de sus familiares literalmente decidieron detener sus vidas.
El Campamento Esperanza —decenas de carpas de todo tipo instaladas sobre el pedregoso suelo del desierto de Atacama— es un fiel reflejo de esa suspensión, que está por llegar a su fin ante la inminencia del rescate de los trabajadores.
Letreros con fotos de los mineros y mensajes como "¡Fuerza Mineros!" y "Tu familia te espera" pueden verse alrededor de cada carpa, aunque mensajes escritos con piedra sobre las enormes rocas que rodean el lugar son mucho más profundos y muestran una arrolladora fe.
"Jimmy: lo que pasó en este cerro es un milagro de Dios. Esta obra termina luego. Fe y Esperanza", dice uno de los mensajes en piedra dirigido a Jimmy Sánches, que con 19 años es el más joven de los mineros atrapados.
Los primeros 17 días estuvieron allí abajo sin ningún contacto con el mundo exterior, los primeros dos días envueltos por una nube de polvo.
Pero más allá de la tensión constante y la espiritualidad con que viven allí las familias desde el día del accidente, la vida cotidiana impone sus necesidades.
Al frente de las tiendas han puesto fogatas para calentarse en las heladas noches de uno de los desiertos más áridos del planeta. Allí, durante el día hierven agua para tomar mate, pero también cocinan deliciosos asados.
La infraestructura creció dramáticamente desde el primer día, cuando los familiares llegaron al polvoriento lugar sin saber si los hombres estaban vivos.
Ahora hay baños públicos, refrigeradores con bebidas —durante el día la temperatura puede alcanzar los 30 grados centígrados—, una confitería donde sirven a las familias almuerzo y cena, una sala para que los niños puedan seguir sus estudios y hasta un payaso que los entretiene.
Ayer los niños que viven en el campamento recibieron disfraces y se paseaban por las calles saltando y cantando, en una imagen que por un momento deja en segundo plano la tragedia de sus padres, abuelos y tíos.
El día después. Mientras se acerca la hora del rescate, algunas familias empiezan a pensar en el día después. Este fin de semana Antonia Godoy, esposa de uno de los mineros, se paseaba mostrando una muy sensual lencería que consiguió para celebrar con su marido. "Le va a dar un infarto", dijo Antonia entre risas.
En una de las carpas, las mujeres cuidan de su belleza. Cristina Núñez, pareja del minero Claudio Yánez, dio un sutil tono rojizo a su cabello en un improvisado salón de belleza. "Me tiene que ver más linda que antes", dijo.
La confitería del lugar está frente a un extenso altar con imágenes de vírgenes, cartas de los mineros, objetos que han logrado enviar a través del ducto que usan para comunicarse con el exterior, cascos y poleras con sus firmas y otras piezas que simbolizan la epopeya. l (Reuters)
Los niños se disfrazan y juegan durante la espera.