Los emigrantes sirios atraviesan Macedonia en busca de paz y trabajo
Dura crisis humanitaria. Testimonios estremecedores en una estación de trenes desde donde esperan seguir viaje para llegar a la anhelada Alemania.

Lunes 24 de Agosto de 2015

Llevando en brazos a su bebé de 10 días, Amina Asmani se abrió camino entre los policías antidisturbios macedonios armados con bastones y alcanzó a subirse a un tren que la puso un poco más cerca de alcanzar su destino soñado: Alemania. Proveniente de Kobani, la emblemática ciudad siria kurda asolada por el Estado Islámico, la mujer sintió que la suerte le sonreía cuando su hijo, su marido y ella lograron subir a un tren en Gevgelija, una ciudad meridional de Macedonia donde la policía detuvo a muchos otros migrantes. Al día siguiente, Macedonia bloqueó la frontera. Muchos se quedaron varados en tierra de nadie.

El viernes la tensión aumentó cuando las fuerzas especiales de policía de Macedonia dispararon granadas aturdidoras para dispersar una multitud de 3.000 inmigrantes que habían pasado la noche a la intemperie (ayer, cientos de inmigrantes cruzaron sin resistencia, a pesar de la fuerte presencia de policía). El bloqueo fronterizo obedeció, en parte, al caos que se vivió en la estación de trenes de Gevgelija, ciudad macedonia que no queda lejos de la frontera.

Macedonia, un empobrecido país balcánico que no es parte de la Unión Europea, se ha convertido en una importante ruta de tránsito para miles de inmigrantes procedentes del Medio Oriente, Africa y Asia. Casi 39.000 han pasado por allí en los últimos 30 días, según registros migratorios— el doble del mes anterior. La mayoría de los desplazados, más de 31.000 personas, son sirios. A la estación arriban unos 2.000 diariamente, un promedio muy por encima de los 1.000 de hace unas semanas. Vienen en "pateras" y barcos procedentes de Turquía y luego cruzan Macedonia a pie con destino a Serbia. Allí tratan de colarse por Hungría, país miembro de la Unión Europea. Una vez en un país de la UE, pueden pasar las fronteras con más facilidad, aunque Hungría está construyendo un muro fronterizo con Serbia para detenerlos.

En un abarrotado vagón, Asmani acostó a su bebé con mucho cuidado. Tuvo a dar a luz en una isla griega como parte del masivo éxodo migratorio causado por la guerra civil de más de cuatro años en Siria. "Queremos ir a Alemania a encontrar una nueva vida, porque en Siria todo fue destruido'', dijo mientras sostenía la mano de su marido y miraba con ternura a su bebé de cachetes sonrosados. "Los policías nos dejaron subir al tren sólo porque sintieron lástima del bebé''.

La mayoría de los inmigrantes cruzan a pie la frontera entre Macedonia y Grecia, siguiendo la trayectoria de los oxidados rieles de tren que los lleva a la estación pintada de amarillo.Cuando entran a la estación de Gevgelija, los inmigrantes, exhaustos, son recibidos por comerciantes que les cobran el doble de lo que cuesta una botella de agua a la vuelta de la esquina. También venden fruta: por una banana o una manzana cobran un euro. o 2 euros por cargar el celular. "Nos están estafando pero, ¿qué se puede hacer cuando sientes que te vas a morir de sed o hambre?'', lamenta Fadil, un sirio que sólo dio su primer nombre. "Lo único que queremos es subirnos a ese maldito tren y dejar esta pesadilla atrás''. Pero subirse al tren no es nada fácil. Sólo hay tres, que diariamente recorren los 170 kilómetros hasta un lugar donde los migrantes tienen que volver a caminar hasta llegar a Serbia. Los trenes tienen sólo dos vagones que pueden transportar a unas 150 personas cada uno. La semana pasada, unos 3.000 migrantes se quedaron varados en Gevgelija. Varios migrantes han resultado heridos en enfrentamientos con la policía, que busca contener las arremetidas hacia los trenes y sólo permite el ingreso de familias con chicos. Muchas veces las familias se separan en medio del caos. Un nene con camiseta roja buscaba frenéticamente a su madre. Gritaba "mamá, mamá'', mientras llevaba de la mano a su hermanita menor de un lado al otro de la estación. Sus padres estaban metros atrás: habían sido bloqueados por la policía. Una mujer con un pañuelo negro lloraba desesperada porque su hermana y su hermano estaban al otro lado del cerco policial. Pero Obad, un sirio de 20 años, contó que a él y sus compañeros de viaje no les molestó el caos de la estación. A cosas mucho peores ya habían sobrevivido. "No le tenemos miedo a nada'', dijo. "Nosotros hemos escapado de la muerte''.

Italia, agobiada, le reclama mayor solidaridad a Europa

Tras la última llegada masiva de inmigrantes a las costas italianas, con 4.400 el fin de semana y más de 100.000 en lo que va del año, Italia volvió a pedir a sus socios europeos dejar de lado el egoísmo que reina en la Unión Europea en materia migratoria. El ministro de Asuntos Exteriores, Paolo Gentiloni, alertó que el tratamiento del drama migratorio puede poner en peligro el “espacio Schengen”, el tratado de libre circulación de personas que rige en la UE. “Está en riesgo uno de los pilares fundamentales de la Unión Europea”, advirtió, en referencia a la presión sobre las costas sicilianas, pero también en las islas griegas del Egeo, en Macedonia, en Hungría o en Calais.
  Gentiloni criticó que Italia coordine las labores de salvamento en el Mediterráneo y tenga que dar acogida a los miles de migrantes que llegan a sus costas, muchas veces a bordo de barcos europeos. Con este tratamiento de la inmigración, “Europa se arriesga a dar lo peor de sí misma, entre egoísmo, decisiones en sentidos contrarios y polémicas entre Estados miembros”, lamentó Gentiloni, si bien celebró que los operativos de salvamento en el Mediterráneo “se hayan europeizado”. La Operación Tritón de la Frontex, la agencia europea de control de fronteras, tomó el relevo del dispositivo Mare Nostrum, de Italia. Pero de hecho suelen ser las naves de la Guardia Costera y la Marina Militar italianas las quebitualmente se encargan del rescate. Así fue este fin de semana, cuando hasta 22 naves precarias fueron rescatadas por los marinos italianos. Apenas una nave noruega colaboró en el operativo, que salvó 4.400 personas en peligro en el medio del mar. Habían partido de Libia, como ya es rutinario.
 

Dusan Stojanovic e Ivana Bzganovic / AP