Los efectos de la deflación global en la economía
Cuando la presidenta machacaba en cada cadena nacional que "el mundo se nos cayó encima" se disparaban las pullas de la farándula de analistas económicos.  

Domingo 02 de Agosto de 2015

Hay que reconocerle al equipo económico la temprana caracterización sobre la profundidad y extensión de la crisis financiera internacional, que lejos de conjurarse aflora periódicamente con fuertes sacudones en distintos sectores y regiones.

En el último año y medio, como mínimo, la manifestación de esta etapa del profundo crac que estalló hace siete años en Wall Street, es la fuerte caída de los precios commodities y la desaceleración y tensión financiera de los grandes países emergentes.

Cuando la presidenta machacaba en cada cadena nacional que "el mundo se nos cayó encima" se disparaban las pullas de la farándula de analistas económicos.

La protestaban como una mera coartada discursiva para encubrir "errores" de política económica, tales como no someterse a los fondos buitres o seguir el camino del ajuste y la ortodoxia que "países serios" como Brasil transitaban en camino al éxito económico. Eran tiempos en los que todavía se invitaba a Lula a participar de los congresos de Idea, como héroe del populismo converso y de la izquierda amiga de los mercados. Hoy, esa misma comunidad de negocios, ve esa misma historia desde otro lugar.

Crisis y oportunidad. Sin perjuicio de las críticas que razonablemente le caben a las sucesivas conducciones económicas en materia de descontrol en la fuga de capitales, desacoples en el manejo cambiario y, sobre todo, algunos caprichos muy costosos en la relación con el principal aliado contra la restricción externa, que es el complejo agroalimentario, lo cierto es que el actual escenario económico global le ofrece una tardía reivindicación de ese diagnóstico.

Y le ofrece al oficialismo una oportunidad, como en 2009, de hacer valer políticamente el protagonismo que adquiere el Estado y las políticas heterodoxas en tiempos de crisis.

Un protagonismo que, en momentos de fuertes operaciones especulativas en el mercado ilegal de divisas, se pondrá a consideración del electorado en contraste con las propuestas maximalistas del jihadismo financiero, tales como el levantamiento del cepo cambiario, el ajuste de los otros y la liberalización sin cortapisas de los mercados más sensibles.

La campaña exacerba los discursos binarios, subordina el razonamiento a las consignas y acota la flexibilidad que requiere cualquier planteo de política económica que permita amortiguar la crisis que se avecina. El manejo de la variable cambiaria está sometido a esta condición

El cambio de ciclo de la puja distributiva, que ya no es al alza sino a la baja, contrasta con la inercia de los actores económicos involucrados, que siguen reclamando con el chip de los tiempos de expansión. La cadena de negocios agropecuarios, a la que el gobierno no acierta cómo tratar desde el conflicto de la 125, es un ejemplo.

Deflación. La deflación que afecta al mercado global de materias primas habilita abrir una discusión sobre la política fiscal y comercial hacia el sector. Una discusión racional que contemple los intereses del conjunto. Pero también hace crujir la relación dentro de las cadenas de valor. El mercado de la leche, por ejemplo, está golpeado hoy por una sobreproducción en relación en la demanda internacional, que se traduce en un derrumbe de los precios y en una dificultad concreta para colocar los productos en el exterior.

El porcentaje que exporta Argentina de la producción es menor en relación al mercado interno, pero la salida del excedente permite evitar una sobreoferta a nivel local, que empuje los precios hacia abajo.

Es razonable que desde la producción hasta la industria pidan al Estado eliminar trabas a las exportaciones y apoyar la búsqueda de mercados, para evitar un conflicto en el sector a raíz de la decisión de las usinas de bajar el precio a los productores. Pero el problema de los tamberos no es con el Estado. O, al menos, no sólo con el Estado.

El último informe de la Asociación de Empleados de Comercio sobre formación de precios al exterior revela una brecha de 655 por ciento entre el precio que recibe el productor y el que paga el consumidor en el supermercado.

Cadenas. En medio de la destrucción global del mercado de leche en polvo, que inspira conflictos en la cuenca lechera pero también otros países como Bélgica y Francia, los productos lácteos no han bajado de precio para los consumidores. Y eso expresa una distorsión que no tiene que ver con el tipo de cambio ni con las retenciones ni con la orientación de la política económica. Tiene que ver con el poder de cada eslabón de la cadena para mantener su tasa de ganancia a costa de los demás.

Por eso, conceptualmente, y aun con todas las especulaciones políticas que despertó la movida, es paradójico que la mayoría de las entidades ruralistas que protestan contra el gobierno, objetaran la medida de fuerza que hizo una organización de la producción y el gremio de los lecheros contra dos industrias lácteas que bajaron el precio de la leche a los productores.

En otros rubros, como el agrícola, es claro la necesidad de que el Estado revise algunos aspectos de la política pos 125 para el sector. Pero la rentabilidad de los productores no sólo es afectada por las retenciones sino también por los alquileres ofrecidos a precios de ciclos de expansión, la concentración comercial y la dolarización de precios de insumo.

Estas tensiones afloran con mayor crudeza en todos los sectores de la economía.

Y obliga a pensar, desde los privados y desde el Estado, en nuevos acuerdos, ya no para administrar las tensiones de la expansión sino los conflictos de la desaceleración. Un debate que incluye a los precios.