Lunes 11 de Enero de 2010
Una densa historia de pasiones encontradas tuvo final trágico pasada la medianoche de ayer en la
zona más empobrecida de Fisherton. Un hombre de 65 años, domiciliado junto a su familia en la
localidad bonaerense de Temperley, fue asesinado de un disparo en la frente mientras se encontraba
sentado al volante de su camioneta de doble cabina. El conductor había llegado allí acompañado por
su pareja, de 34 años, quien en ese instante buscaba a tres de sus hijos en la casa de su hermana.
Los agresores le dispararon a quemarropa en Acevedo 1200 bis y huyeron
en una moto Gilera 110 color azul. Pero fueron identificados por ocasionales testigos.
Gracias a estos testigos la policía estableció rápidamente que uno de
los atacantes es un sobrino político de la víctima. El otro es un remisero que tiempo atrás residió
en Lanús, al sur del conurbano bonaerense, y ahora está afincado en Rosario.
Este remisero resultó detenido doce horas después en San Pedro, a 150
kilómetros de Rosario. Con el correr de las horas se sabría que mantenía una relación paralela con
la esposa de la víctima.
El sospechoso fue detenido cuando viajaba en una Gilera 110 azul,
similar a la descripta por los testigos de la ejecución, con rumbo a Lanús. El apresado, quien no
es el autor material del disparo letal, será trasladado a Rosario, a partir de un exhorto que
librará hoy el juez de Instrucción en feria, Javier Beltramone. Este sujeto está señalado como
responsable intelectual del crimen y será acusado como coautor de homicidio calificado.
Un disparo en la cabeza. El asesinato a sangre fría de Basilio Vargas, un empleado
de una firma de recubrimientos industriales y marinos con asiento en la localidad bonaerense de
Dock Sud, reúne ingredientes típicos de los crímenes pasionales. Esa es la hipótesis sobre la que
trabajaron los pesquisas de Unidades Especiales y de la Inspección 8ª Zona.
Basilio tenía 65 años. Desde hace tres lustros vivía junto a Elizabeth
Verónica T., a quien llevaba 30 años, en Temperley. La pareja tenía cinco hijos. Uno de ellos
trabaja en Arroyo Seco.
Precisamente allí, a 30 kilómetros al sur de Rosario, Basilio se
encontraba realizando reparaciones junto con su hijo. Todo aconteció aproximadamente a la 1 de
ayer. A la hora señalada Basilio llegó hasta Acevedo entre la cortada Guaycurú y Schweitzer donde
en una casa de pasillo reside Claudia, su cuñada. Ella tenía al cuidado a tres de los hijos de
Basilio y Elizabeth.
El plan de la familia era recoger a los chicos y buscar luego un hotel
para dormir. Basilio llegó conduciendo su Chevrolet S-10, doble cabina, e iba acompañado por su
esposa y uno de sus pequeños hijos.
“Estaba durmiendo cuando llegó mi hermana. Al llegar ella se
encontró con mi marido, que salía por el pasillo para comprar una cerveza. «Afuera está Basilio
estacionando la camioneta», le dijo mi hermana”, dijo Claudia, muy angustiada, a La Capital.
“Al salir mi esposo vio la camioneta estacionada y a Basilio como
recostado hacia atrás en el asiento. «Eh, Basilio ¿te quedaste dormido?», le dijo Angel y, sin
abrir la puerta, lo abrazó. Ahí se dio cuenta que tenía sangre en la frente y se le
desplomó”, recordó Claudia.
“Ellos se tienen mucho aprecio porque trabajaron juntos en los
barcos. Era venir Basilio y que ellos se armaran un asadito. Cuando se dio cuenta que estaba
muerto, entró por el pasillo como un loco gritando: «Lo mataron a Basilio»”, comentó en un
susurro. “Nunca me voy a olvidar de cómo tenía la frente”, agregó.
Vargas tenía un solo impacto, sobre el costado izquierdo de la cabeza,
sin orificio de salida. Quien lo baleó no le dio chance a nada.
Los agresores huyeron en una moto color azul ante muchos testigos que
asistían a dos cumpleaños que se festejaban en la cuadra, donde tronaba la cumbia. Los dos
implicados fueron inmediatamente identificados. Uno es un sobrino de Elizabeth, de 20 años, cuyo
apodo es Gaby. El otro, es el remisero de Lanús, de 35 años, que en los últimas meses se mudó a
Rosario.
Un dato categórico. Con esos datos el juez de Instrucción Javier Beltramone extendió dos
órdenes de allanamiento que se tramitaron por la mañana. Una, ubicada a metros de la escena del
crimen. La otra, en una casa de pasillo de Barra y Génova, en Empalme Graneros. Ambas dieron
resultados negativos pero en la vivienda de Empalme se toparon con un dato más que llamativo que
destrabaría la pesquisa: ese domicilio, habitado por el remisero de Lanús al que buscaban por el
homicidio ocurrido horas antes, estaba alquilado a nombre de Elizabeth, la mujer del hombre
asesinado.
“El muchacho que vive ahí agarró la moto esta mañana temprano y se
fue. Llevaba un bolsito. Es de Buenos Aires”, le explicó un vecino a los investigadores.
En San Pedro. Anoticiado de lo ocurrido, y valorando esa nueva información, el
juez Beltramone solicitó con celeridad colaboración a la policía bonaerense en San Pedro. Pasado el
mediodía, en una estación de servicio y parador ubicado en el kilómetro 153 de la autopista a
Buenos Aires, Río Tala, fue detenido uno de los sospechosos.
Se trata de Fernando Gabriel L., de 35 años, el remisero de Lanús. El
ahora detenido viajaba en una moto similar a la descripta por testigos del crimen. Los voceros del
caso indicaron que el apresado mantenía una relación sentimental con la esposa de Vargas y eso
quedó corroborado en testimonios judiciales.
Fuentes judiciales señalaron anoche que el caso avanzó hacia su
resolución. “Hay testigos directos que brindaron detalles muy precisos de los autores. Todo
indica que los autores fueron derecho a matar a la víctima por una motivación pasional. Y por
testimonios queda señalada la vinculación de la esposa de la víctima con la persona detenida en San
Pedro”, plantearon desde Tribunales.