Jueves 03 de Septiembre de 2015
El martes, a la hora de la siesta, Esteban estaba en la vereda de su casa de avenida Francia al 5600 arreglando su mota Honda Wave. Entonces tres ladrones, dos de ellos armados, lo sorprendieron y lo metieron a empujones en la vivienda. "Se ve que alguien les había pasado el dato de que yo tenía una plata por una propiedad que se vendió. Pero yo esa plata ya me la había gastado. Y revisaron la pieza de mi hermana y se llevaron lo que ella tenía (uno 80 mil pesos). Además de 4.500 pesos míos y la moto", explicó el muchacho ayer. Y como si la pérdida material no hubiera sido suficiente, uno de los ladrones le dejó a Esteban un hematoma en su ojo izquierdo.
La entradera, el robo de un domicilio que comienza cuando las víctimas ingresan o egresan de sus viviendas, parece la modalidad delictiva de moda. Y en ese marco, el factor sorpresa suele ser determinante. Los que que se dedican a ese delito lo hacen porque encuentran un rápido beneficio económico arriesgándose poco. Son gavillas delictivas organizadas, con logística propia que cuentan con una mínima inteligencia sobre el objetivo. Si bien se han conocido casos de entraderas realizadas al voleo, el éxito del atraco está en lo certero de un dato. Y ese dato puede provenir de un buchón o de datos que ingenuamente brinda la víctima o su entorno.
Dato certero.PUNCTUATION_SPACEAlgo de esto último sufrió en carne propia Esteban, un plomero de 28 años que el martes, pasadas las 14.45, arreglaba su Honda Wave en la vereda de su casa de avenida Francia entre Sánchez de Bustamante y Arijón. Una casa con portón blanco y una habitación en planta alta. A la hora señalada, mientras el muchacho reparaba su rodado, cuatro hombres jóvenes, dos de ellos armados con pistolas, lo sorprendieron y a golpes y empujones lo metieron dentro de la casa. "Yo estaba arreglando una moto en la vereda de mi casa cuando se me aparecieron cuatro tipos. Me pegaron en la cabeza y me metieron en el baño. Se ve que alguien tiró el dato de que yo tenía una plata por la venta de una casa. Yo ya me la gasté y mi hermana no sé qué hizo, pero los ladrones me decían: «Danos la plata que está arriba»", recordó.
Así, los ladrones le colocaron precinto en las manos a Esteban y la mantuvieron controlado mientras revisaban la vivienda. "Me daban la cabeza contra la pared para que no los mirara. Una vez que me precintaron se fueron para arriba, a la pieza de mi hermana y le robaron todos sus ahorros. Todo el tiempo ellos me decían: «La plata está arriba»", rememoró. "Yo quería que se terminara rápido. Por eso le dije a uno: «Tengo unos ahorritos, 4.500 pesos, llevátelos». Pero cuando me di vuelta, y como me habían puesto mal los precintos, medio que me solté. Y éste (el ladrón) me dio un cachetazo de puro abusivo", indicó Esteban, quien no podía disimular el magullón sobre su ojo izquierdo.
Así, los ladrones se hicieron con unos 85 mil pesos y la moto de Esteban. La entradera fue denunciada en la seccional 18ª y será investigada por la fiscalía de Flagrancia.
Parecía una mudanza, pero terminó siendo un robo muy bien planificado. Así lo confirmó la policía de la seccional 1ª después de interevenir en la denuncia que presentó el dueño de una antigua vivienda de barrio Martin de la cual un grupo de maleantes se llevó varios muebles de estilo y hasta puertas de madera maciza que tienen un alto valor de mercado.
El hecho ocurrió alrededor de las 15 del martes cuando el grupo de ladrones disfrazados de albañiles llegaron a una vieja casa de Ayacucho al 1300 a bordo de una camioneta.
Indudablemente, los hampones sabían que el lugar estaba deshabitado e ingresaron con total tranquilidad tras violentar la puerta de acceso. Después, de a poco y con cuidado, fueron cargando en el vehículo un importante número de muebles de estilo, de esos que se pagan muy bien en el mercado de antigüedades.
Ante el asombro de algunos vecinos que sabían que la casa estaba desocupada y se acercaron a consultar, los maleantes les confesaron que estaban haciendo una mudanza y que pertenecían a una empresa de demoliciones. Pero la gente del barrió desconfió y llamó al propietario del lugar, cuya identidad no trascendió.
Cuando el hombre llegó se dio cuenta de que el botín había incluido una reja de hierro labrado de unos 4 metros y un par de puertas macizas de cedro rojizo.