Sábado 16 de Agosto de 2014
El 3 de noviembre de 1995, en el barrio Escuela de Río Tercero, una de las esquirlas alcanzó a Laura Muñoz, que tenía 27 años y murió ante la mirada atónita de su hermano y su madre.
La misma suerte corrió Romina Torres, una chica de 15 años a la que el siniestro sorprendió en el aula donde cursaba el tercer año de la secundaria en el Colegio Nacional. También perecieron Aldo Aguirre, un joven de 25 que, advertido de las explosiones, se quedó en la zona para ayudar a otros vecinos, y Mario Solleveld, de 32 años, alcanzado por una esquirla cuando salió de su casa a buscar ayuda para sacar a su mujer y a su hija.
Otra de las víctimas fue el profesor Hoder Francisco Dalmasso, el único caso en el que sus familiares siguieron la querella penal.
El docente estaba trabajando en la Escuela Industrial, a dos cuadras de la fábrica, y se quedó para ayudar a evacuar a los alumnos. La onda expansiva de la tercera explosión lo alcanzo en su auto, cuando intentaba alejarse. Tenía 55 años y su corazón no lo soportó.
Su esposa, la abogada Ana Gritti, quien fue el motor de la investigación que ahora sostienen sus hijas María Eugenia y María Julia Dalmasso Gritti, asistidas por los abogados Horacio Viqueira, Aukha Barbero y Ricardo Monner Sans, falleció hace tres años, antes de que la causa llegara a juicio.
"Por ella, por su esposo y por las otras víctimas esperemos que durante el juicio que se sustancia se conozca la verdad de todo lo sucedido y se cumpla con el deber de justicia", dijo Aukha Barbero, uno de los abogados responsables de la querella, quien sostuvo que "este juicio es en buena parte el corolario de la lucha de Ana".
Días después fallecieron como consecuencia de las heridas recibidas en la explosión José Varela, de 50 años de edad, y Elena Rivas, de 52.