Lunes 28 de Septiembre de 2009
Las palabras están con nosotros para cambiar la vida, para darle razones al futuro y reinventar
el amor.
Son la columna sobre la que se apoya el mundo. Y también la palanca que permite moverlo.
Las hacemos entre todos y son de todos. Muchas son hermosas, pero lo olvidamos. La palabra
jacarandá, por ejemplo.
La palabra estrella.
La palabra ventana, la palabra paloma.
La palabra café. La palabra chocolate.
La palabra beso.
La palabra gol.
Las palabras son de todos, pero no llegan a todos. La pobreza no es sólo la dificultad o la
simple imposibilidad de acceder a los bienes materiales más básicos, sino también verse privado de
los diarios, los libros, el cine, la música.
Necesitamos un país donde las oportunidades y las palabras estén mejor repartidas.
Y que lo que hacemos todos sea para todos. Que todos entiendan las palabras. Que todos las
digan y sepan decirlas.
La palabra alegría, por ejemplo.
La palabra dignidad.
La palabra delantal y la palabra cuaderno.
La palabra calesita y la palabra tobogán.
La palabra libertad y la palabra ternura.
Y la palabra nuestro, no la palabra mío.
La palabra juntos, no la palabra solo.
La palabra siempre, no la palabra nunca.
La palabra ahora. La palabra ya.
La palabra que rompa todos los silencios.