Lan, no tanto encanto de volar
Recurro a estas páginas -como tantísimos otros que leo desde hace muchos años en esta sección- luego de haber recibido la mayor carga de indiferencia, ironía y mentiras imaginables, y también en la ingenua pretensión de evitar que otros ciudadanos de estas tierras tropiecen con mi piedra.

Domingo 09 de Octubre de 2011

Recurro a estas páginas -como tantísimos otros que leo desde hace muchos años en esta sección- luego de haber recibido la mayor carga de indiferencia, ironía y mentiras imaginables, y también en la ingenua pretensión de evitar que otros ciudadanos de estas tierras tropiecen con mi piedra. Por razones profesionales, sumadas a un breve lapso deportivo, debí viajar a los EEUU junto a unos amigos. Por lo expuesto, todos tenemos varios viajes internacionales encima. Averiguamos lo de rigor, y optamos por la empresa chilena Lan; la ida se concretó sin mayores inconvenientes. El 01/07/11 abordamos el vuelo Miami-Lima-Rosario, y ahí comenzó la pesadilla. En la escala de Lima se nos confirmó la salida del avión a Rosario a la 1.30 del 02/07, la que pocos minutos antes fue cancelada sin explicaciones, ratificando el otro destino argentino a la ciudad de Córdoba casi a la misma hora. Ante nuestra consulta, personal de Lan dijo que el avión que debía venir a Rosario "sólo puede aterrizar en Fisherton", lo que obviamente es una falacia, ya que por cuestiones meteorológicas muchas veces se usa la vecina provincia como alternativa. Solicitamos que nos embarquen a Córdoba, pero ya de mala manera nos fue negado para "analizarlo -tal vez- al día siguiente". Como para sumar patetismo al cuadro, iniciaba el día de mi cumpleaños, no junto a la mesa familiar como estaba previsto, sino en la madrugada de Perú, donde Lan se negó sistemáticamente a proveernos alojamiento, comida, bebida, movilidad, como marcan las leyes internacionales. Finalmente, los amigos nos dividimos a voluntad de los humores, asientos y destinos resueltos por los hermanos trasandinos. Intenté comenzar a pensar en una mala experiencia y nada más, pero como decía Camarota: "no se vayan que ahora viene lo mejor". Llegué a Córdoba en el amanecer de una gélida mañana, con la remerita con que salí de EEUU un par de días antes, aguardaba ansioso por mi equipaje para poder abrigarme, pero… ¡sorpresa! Mis valijas no estaban. Al borde de la pulmonía, y obviamente a mi exclusivo cargo, subí al auto de mis hijas que fueron a buscarme para hacer el trayecto Córdoba-Rosario. Inicio el sinuoso camino del reclamo por equipaje faltante. Después de algunos días, llega a Fisherton un bolsito de mano que me obligaron a despachar en bodega. Con el paso de otros días, me llaman desde Córdoba para informarme que una valija y el cobertor de palos de golf estaban allí; solicito que me los remitan a Rosario, se niegan, insisto y me informan que "esos bultos harán el trayecto Córdoba-Chile-Lima-Rosario". Sin entender demasiado, esperé. Cuando me citaron en Fisherton, sólo estaba la bolsa de palos, destruida, cuyas fotos como prueba entregué en las oficinas de Lan. De mi valija principal ni noticias, inicié el peregrinar de consultas en nuestro país, Chile y Perú, siempre con costos a mi cargo. Me solicitan detalle del contenido de la valija, cumplo una vez más, y me ofrecen compensarme con un cuarto del contenido real de equipaje extraviado. El trato, las formas, el tiempo perdido, las cosas que jamás recuperaré y la indiferencia, motivan estas líneas. También para alertar a las autoridades que deben ratificar o no permisos para seguir volando, por los sufridos usuarios que pagamos por adelantado y padecemos en cámara lenta perpetua, por el cumplimiento de las leyes y normas que trabajen más argentinos en esta empresa que sigue saliendo completa desde Rosario, con rentas del primer mundo y servicio paupérrimo. El peor viaje, el peor cumpleaños y ahora, además, atender una causa judicial por todo este tema.