Jueves 17 de Diciembre de 2015
Santiago D’Agostino -actor rosarino, egresado de la Escuela Provincial de Cine y de la Escuela Provincial de Teatro- hace tres años decidió reunir en un único trabajo ambas facetas y lanzó Casafuegos, su canal de YouTube. Así surgió “7 mil millones”, una serie en la que durante dos temporadas exploró con ironía la catástrofe que significa el hombre para la Tierra. Y hace dos semanas lanzó “En casa”, en la que cada jueves los cataclismos adquieren escala doméstica y se transforman en rompederos de cabeza para sus personajes.
D’Agostino, junto a un grupo de actores y docentes de teatro -entre los que se cuentan Gustavo Di Pinto, Nicolás Ostoich, Jorge Ferrucci, Fernando Porcel y Aimée Fehlsein- aborda tragedias y ansiedades cotidianas como pagar el alquiler o esperar una conexión WiFi, y las desactiva con altas dosis de sarcasmo. “Fue como lanzar mi microemprendimiento”, dijo D’Agostino. Convertido ahora también en youtuber, contó sorprendido en este tipo de plataforma lo siguen a través de la web no solo en Argentina, sino también en México y hasta en Alaska.
—¿Cómo surge la idea de incursionar en YouTube?
—”7.000 millones” lo hice en el 2013 usando la plataforma de YouTube durante dos años. Es un programa sobre el impacto humano. Siete mil millones somos los humanos que estamos en la Tierra. A partir de esa serie que la hacía solamente yo, se me ocurrió empezar a laburar en equipo con otras propuestas que no son tan drásticas como la ecología, porque el tema era el caos que podemos generar con el consumo. Después la onda fue atrapar a otro público con un humor, un poco más blanco y cotidiano, como el de “En casa”, que llega a tener hasta 15 horas de edición por video.
—¿Cómo elegiste los actores?
—Yo vengo del grupo Esse est Percipi, estuve en “Quiero que gustes de mi”. Hay gente que no es del grupo, hay docentes y actores de la Escuela de Teatro y otros actores que conocí en la Escuela.
—¿Qué te llevó a unir el teatro y el formato audiovisual?
—Fue como lanzar mi microemprendimiento, en el que no actúo para un director, como han sido las experiencias de teatro, ni tampoco en cine, que tengo que juntar un grupo grande que labure en luces, sonido y otros que actúen. En este caso yo solo podía construir todo. La plataforma de YouTube permite ese tipo desprolijidad, o permite ese tipo de sinceramiento, que sepan que es mi casa, el que edita el video. YouTube hace diez años nomás que existe y acá en Argentina la explosión que tuvo fue hace cinco o seis años. Es una plataforma relativamente nueva que puede complementarse con Facebook y también es un medio por el que llegás mucho más fácil que buscar una sala de teatro o cine para proyectar lo que hago. Podría decir que es hacer lo que yo quiero; también unir las dos doctrinas, el que se actúa y el que filma, y no tener ninguna restricción a la hora de decir lo que quiero decir. No hay nadie que me diga “no, esto cambialo”. La última palabra la tengo yo. Es como que soy mi propio jefe.
—Hay muchos yotubers en Argentina, pero no todos pueden ser El Rubius...
—Existen, hay muchos por todos lados, pero no hay muchos reconocidos. Hay mucha gente que ni siquiera la siguen en Argentina. El Rubius es lo mainstream de lo que puede ser un youtuber a escala global.
—¿En ese punto se pierde lo experimental y se transforma en una industria?
—Yo diría que sí. Creo que para llegar a tal número de gente han tenido que sintetizar mucho el mensaje, demasiado, para volverlo algo horizontal para todos, para que todos lo podamos digerir y entender. Creo que al hacerlo tan masivo para que todos lo podamos captar pierde algo de la moraleja. A mi me gusta que los videos que hago tengan alguna moraleja, sobre todo fue así con “7 mil millones”, donde la idea es que te quedes con algún mensaje , con alguna enseñanza, que no sea un video vacío, que sea entretenido, pero te deje pensando algo.
—¿Querés ser El Rubius pero con moraleja?
—No se si tan grande, me da un poco de pavor, de miedo, que tanta gente sepa de vos, pero sí asumo que lo veo y lo he visto. Siempre me pareció simpático el laburo que hace, y como alguien que hace contenidos para YouTube es un modelo a seguir.
—”7 mil millones” te daba la posibilidad de hablar de idéntica cantidad de conflictos, lo mismo que “En casa” porque cada edificio es como un pequeño planeta...
—Es explotable en todo sentido. Son historias, sobre todo las de “En casa”, con historias sencillas, como instalar internet, o que venga el dueño del departamento para que le pagues en fecha, pero son cosas que sumadas van haciendo ese universo que puede ser muy arduo. Creo que para el rosarino es lindo ver algo de la ciudad, yo lo hago y me gusta apoyarlo. Pero también se puede ver a nivel nacional. La mayor audiencia está en Argentina, sobre todo en Buenos Aires y Rosario, y como segundo y tercer país están México y Perú. Hay un par de personas en otras partes del mundo. Encontré uno en Alaska... No se si lo habrá dado por error pero YouTube te dice de dónde son las reproducciones.
—En lo que hacés hay una dosis importantes de ironía y sarcasmo...
—Creo que expresa una realidad. Es tocar ciertos temas que a mi en lo personal me parecen muy importantes. Creo que esa mirada irónica y sarcástica es para no hacer algo tan dramático y llorón sino reírte un poco de lo que está pasando, de lo que me está pasando a mi. Pero también darle ironía y sarcasmo es darle importancia a esa problemática, es como decir que no es una boludéz, tiene un grado de importancia por más que uno se ría.
—También dispara el humor cierta paranoia...
—Hay algo (ríe). La verdad este oficio tiene cosas lindas y cosas feas como el laburo en solitario. Así como grabo en mi casa también edito, y por ahí te podés comunicar con otras personas, pero en realidad estás solo frente a tu compu. Por ese lado podría atar eso de la paranoia, que es la globalización, que te podés comunicar con un montón de gente, pero en verdad no te estás viendo con nadie, estás solo. Es una ilusión.
—¿Cómo sigue el proyecto después de “En casa”?
—Mientras hago esto estoy pensando hacer un cortometraje durante 2016 en el que actúa Aimée. Es un registro parecido a lo que estoy haciendo en YouTube, pero me gustaría que sea para festivales y no para internet. Aunque “En casa” termina el 31 de diciembre, la idea es seguir con esto y volver con una segunda temporada de la serie y algo de “7 mil millones”. Es como mantener una mini industria del entretenimiento.