La tortura para recuperar el auto
El viernes previo a la Navidad (los brasileños no trabajaban hasta el miércoles siguiente), Leandro me llevó a buscar el auto a Palhoca.

Domingo 30 de Diciembre de 2012

El viernes previo a la Navidad (los brasileños no trabajaban hasta el miércoles siguiente), Leandro me llevó a buscar el auto a Palhoca. Era un galpón privado, que trabajaba en conexión con la policía y cobraba el estacionamiento por día. El auto estaba en buen estado general y sólo tenía un vidrio roto del lado del conductor. Pero las llaves no estaban y eso sumaba otra espantosa complicación. Después de 10 horas de intentos, no conseguimos alguien que arregle la cerradura y tuvimos que contratar una grúa para sacar el auto de ahí y llevarlo a la casa que nos prestó Antonio.

La única alternativa que nos quedó fue tratar de que nos manden un duplicado de la llave desde Rosario y eso tampoco fue sencillo. Todo lo contrario. Después de mover cielo y tierra conseguimos una línea de mensajería interna de una empresa de micros que trasladó la llave y después de dos días llegó a la terminal de Florianópolis. Pero la novela no finalizó allí. Ya con la llave, el auto tampoco arrancó y presentó problemas de batería. Allí se acrecentó aún más el aporte de Antonio como un auténtico ángel guardián y junto a Héctor, otro vecino argentino, tiraron nuestro auto (ya cargado con las valijas) con un Fox y lograron ponerlo en marcha. Así, el 25 a la mañana emprendimos el regreso con la vista nublada, el corazón temblando y un nudo en la garganta que todavía nos acompaña.