La población mundial llega a 7.000 millones y surgen serios desafíos
El agua se ha vuelto el principal obstáculo para la producción de alimentos Las naciones más pobres y las menos desarrolladas tienen el mayor índice de natalidad.

Lunes 31 de Octubre de 2011

El secretario general de las Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-moon, anunciará hoy que la población del planeta llegó finalmente a los siete mil millones de habitantes, y realizará un llamado a los líderes mundiales para que se preparen a abordar los desafíos de un mundo superpoblado. Con esa cantidad de habitantes, el planeta afrontará muchos retos, como la lucha contra el hambre, la pobreza y la enfermedad, asegurar la educación y los medios de vida sostenible y mitigar el cambio climático, reconoció la ONU. Y en ese marco, el aprovechamiento del agua será fundamental para asegurar la producción de alimentos.

Si bien no se pude precisar con exactitud dónde nacerá el habitante que marque el récord histórico, se espera que sea en India o Africa por las altísimas tasas de nacimiento y fecundidad que tienen esas regiones.

La necesidad de incrementar la productividad agrícola para alimentar a la creciente población global, que hoy alcanza los 7.000 millones, está ejerciendo una fuerte presión sobre los recursos naturales, especialmente el agua, según el brasileño José Graziano, director general electo de la FAO.

"El agua se ha convertido en el principal obstáculo para aumentar la producción, especialmente en algunas áreas como la región andina, Sudamérica y los países subsaharianos", dijo en entrevista con la BBC el que será próximo número uno del Organismo de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

De acuerdo con los cálculos de la FAO, en 2050 la producción de alimentos tendrá que ser un 70 por ciento mayor para poder mantener el ritmo de crecimiento de la población.

Graziano afirma que, pese a la presión sobre los recursos naturales que supone el creciente número de seres humanos sobre la Tierra, es posible terminar con el hambre con cuatro acciones principales: aplicación de modernas técnicas en la agricultura (muchas ya disponibles), crear una red de seguridad social para la población más vulnerable, recuperar para la agricultura los productos locales y cambiar los patrones de consumo de los países ricos.

"Si pudiésemos cambiar los patrones de consumo de los países desarrollados, habría comida para todos", comentó. "Desperdiciamos mucha comida en la actualidad, no sólo en la producción, sino también en transporte y consumo".

Según Graziano, experto en agronomía, economía rural y sociología, mientras en los países ricos desperdician comida, mil millones de personas pasan hambre.

"Necesitamos asegurar que esa población pueda alimentarse, facilitarles buenos trabajos bien pagados o, si no, encontrar una fórmula de protección social". El brasileño dice que los programas de transferencia de dinero sirven a unas 120 millones de personas en América latina, lo que ha ayudado a reducir las tasas de desnutrición en la región.

Otra acción que podría ayudar a luchar contra el hambre, argumenta, es recuperar la agricultura de productos típicos de cada región. "Lo que hace la comida cara es el transporte, porque la producción es muy barata. Si pudiéramos diversificarla, volver regionales los canales de distribución, los precios serían mucho menores".

El que en la actualidad es todavía director regional de la FAO para América latina y el Caribe destaca otros dos problemas que, junto a la obesidad (hay dos mil millones de obesos, el doble de las personas que pasan hambre), son parte de la reciente discusión sobre la producción de alimentos alrededor del mundo: la supuesta competición entre agricultura para la alimentación y la producción de biocombustibles, y los riesgos que la agricultura impone al medio ambiente.

Destacó en ese contexto que dos de las tres áreas que más producen biocombustibles, EEUU y Europa, han experimentado alzas en el precio de algunos alimentos por tener que competir con los biocombustibles. Pero en la tercera, Brasil, su país natal, los estados en que se produce etanol a partir de caña de azúcar no están observando ningún impacto en los precios de los alimentos, pues la fuente está sobre todo en tierras que no eran productivas y que lo son gracias a la modernización de las técnicas.

Graziano agregó que no hay conflicto entre la preservación ambiental y la necesidad de expandir la producción agrícola. "La intensificación de la producción a través de tecnologías modernas, reduciendo el uso de fertilizantes y pesticidas, pueden beneficiar enormemente el medio ambiente. Los avances tecnológicos en esa dirección deberían terminar con esta dicotomía entre los ambientalistas y los agricultores".