Domingo 17 de Enero de 2010
Una mujer que trabajó durante 15 años como mucama en una misma casa. El tiempo y quizás también un eficiente desempeño en las tareas hicieron que se ganara una confianza absoluta de su patrona, a tal punto que fue invitada a compartir algunas vacaciones con la familia. Pero un día, la empleada accedió a un pedido de su novio. Los sentimientos fueron más fuertes y no pudo decir no: entregó las llaves del domicilio para que días después dos hampones irrumpieran en el lugar a punta de pistola y se llevaran dinero en efectivo y joyas de oro.
Esa fue la primera pista que los investigadores policiales comenzaron a seguir para dar con los autores del asalto a la casa de la jueza federal Sylvia Aramberri, ocurrido el martes 5 de este mes, en Balcarce al 700. Verónica P., de unos 30 años, era una de las tres empleadas domésticas que trabajaban allí y que estaban en el lugar cuando arribaron los delincuentes.
Abrumada. De las primeras impresiones de la policía tras el asalto surgieron algunas sospechas sobre el papel que jugó la muchacha mientras se producía el hecho. Eso, sumado a algunas contradicciones en su testimonio, derivó en el traslado de la empleada a la Brigada de Investigaciones de la Unidad Regional II como testigo, para que brindara más precisiones.
Tal vez en ese momento se haya sentido abrumada por lo que había pasado y, con las sospechas que a esa altura comenzaban a rondarla, presentía que lo que tenía por delante era un futuro muy oscuro. Verónica tiene un hijo de cinco años de una pareja anterior y además su padre sufre una discapacidad que lo tiene postrado en silla de ruedas. Hasta que quedó presa era el único sostén económico de su familia. Y entonces prefirió confesar. "Sí, yo entregué las llaves de la casa a mi novio".
Héctor C. tiene casi su misma edad y fue apresado ese mismo día en su casa de Roldán. Para los detectives de Investigaciones habría sido el organizador del golpe y quien contrató y trasladó hasta la casa de la jueza a los dos autores materiales. El plan se tramó un mes antes, pero la relación entre Héctor y Verónica se había iniciado hace casi dos años.
En el colectivo.El era chofer de la empresa de ómnibus Monticas y ella solía tomar ese transporte cuando salía del trabajo para viajar hasta su casa en Funes. La relación nació de esos encuentros forzados por la rutina y se prolongó hasta estos días, según declaró la propia muchacha. El noviazgo transitaba sobre rieles. La propia Verónica describió en distintos lugares, a los que iba por razones laborales, situaciones íntimas que vivía con su novio.
Pero a mediados del año pasado la situación laboral de Héctor cambió drásticamente. De acuerdo a lo que constataron los investigadores, fue despedido de Monticas por un episodio un tanto oscuro en el que fue incendiado un ómnibus de la empresa. Al parecer el fuego habría sido causado en forma intencional y se le atribuyó cierta responsabilidad a Héctor. Poco tiempo después consiguió trabajo como remisero en Roldán, donde vive.
A partir de esos episodios, y según trascendió de voceros de la investigación, Héctor comenzó a pedirle en forma insistente información a Verónica sobre los movimientos de la familia de la jueza Aramberri. "Decime si hay plata, cómo viven", la habría interrogado. El hombre comenzó a visualizar el atraco una tarde en que pasó a buscar en auto a su novia por la esquina de Santa Fe y Balcarce. La mujer subió con las llaves de la casa de sus empleadores en las manos.
"¿Y esas llaves?", preguntó Héctor. "Son de mi patrona", respondió Verónica. "Vamos a hacer una copia", completó el ex colectivero. La mucama al parecer no pudo o no quiso decir que no a esa altura de los acontecimientos. La pareja se acercó a una cerrajería en cercanías de la seccional 3ª y sacó un duplicado. Según la pesquisa, luego Héctor reclutó a dos amigos a los que había conocido en la bailanta Mogambo.
Esas personas fueron Ignacio S. y Eduardo R., ambos con domicilio en Ayacucho al 4000, en La Tablada. "Necesito gente piola y de confianza para hacer un laburo en la casa donde trabaja mi mujer", propuso Héctor. Y el plan se puso en marcha. Verónica debía estar alerta y dar aviso a su novio cuando la jueza y su marido se retiraran a trabajar.
La mañana del 5 de enero, Héctor pasó a buscar a los hampones por la zona del Monumento a la Bandera y los dejó en la puerta de la casa. Sin embargo, el ex colectivero negó todo ante la policía. Dijo que Verónica lo incriminó en el atraco por despecho. "Yo la quería dejar y ella ahora me acusa de esto", les dijo a los pesquisas, quienes sin embargo tienen la confesión de sus cómplices que lo señalan como el ideólogo del ambicioso plan.
El grupo
Por el asalto a la jueza Aramberri fueron detenidas cinco personas. Además de una mucama y su novio fueron apresados los presuntos autores materiales, Ignacio S. y Eduardo R., tras permanecer escondidos unos días. Uno en Corrientes y el otro en un camping cercano a Roldán. El quinto es Ramón R., supuesto entregador de las armas.