Sábado 16 de Octubre de 2010
Los 33 mineros rescatados en Chile desde las entrañas de la tierra comenzaron ayer a revelar parte de su hazaña de supervivencia tras permanecer más de dos meses atrapados a unos 700 metros de profundidad.
Como un reflejo de las instancias decisivas que vivió, Osman Araya aseguró ayer que sus compañeros de odisea “para mí ahora son mis hermanos y siempre los llevaré en mi corazón, como buenos hermanos y como familia”.
“Pudimos lograr algo grande”, señaló y sorprendió con que retomará su trabajo en la mina. “Por supuesto que sí. Tenemos que seguir trabajando. Es parte de nuestro oficio”, dijo.
Se negó a hablar de las alternativas padecidas mientras estuvo bajo tierra. “Para mí es aún muy cercano hablar de esas cosas. La vida me ha cambiado 100 por ciento”, aunque destacó que “sabíamos que con fe y confianza íbamos a salir. Nunca perdimos la esperanza”.
Edison Peña fue quien más develó el infierno que vivieron. “Lo pasamos bien mal ahí abajo. Yo creía que no iba a volver y por eso estoy «superloco» con este recibimiento (de sus vecinos del barrio). Muchas gracias. Gracias por creer que estamos vivos. Nosotros no somos artistas, somos gente común y corriente”.
Maratonista de alma, recordó que “corría con botas cortadas primero unos 10 kilómetros al interior de la mina, y después me enviaron zapatillas. Estoy bien, estoy súper sano y por eso fui uno de los primeros en salir”.
Una lección. “No olviden”, dijo Peña, de 34 años, conocido como “el corredor” y fanático de Elvis Presley y afirmó que teme que después de tres meses le digan: “Oye, «¿qué estás haciendo?», estoy vendiendo dulces en la plaza. «Y, ¿qué hizo por ti el Estado?», Nada”.
Para Peña el accidente en la mina San José ocurrido el 5 de agosto tiene que “servir de lección”. “Estoy hablando de que eso no pase nunca más en mi país ni en el mundo”.
“Siempre el empleador a guardar su dinero y ¿qué es lo que pasa con la parte obrera?”, dijo y consideró que más que dar “el discurso pobre” de agradecer a las maquinarias extranjeras, “lo que aquí nos salvó fueron las oraciones de toda la gente, la gente humilde que nos acompañó”.
Su compañero Ariel Ticona no está tan seguro de volver al yacimiento San José. “En este momento lo veo difícil subir a la mina. A lo mejor sí, en otro momento, para ver como se transformó en una ciudad”, dijo.
Cuando se le preguntó que fue lo que aprendió en la mina dijo: “Valorar el tiempo que tengo que dedicarle a la familia”. La hija de Ticona nació durante el período en que estuvo atrapado en la mina y recibió el nombre de Esperanza.
Richard Villarroel recordó que el peor momento del colapso del yacimiento “fue cuando cayó el segundo bloque (de rocas al interior del pique) y ahí se cerró por completo la mina. Pensé que no iba a volver a ver a mi señora, no iba a poder ver nacer a mi hijo”.
“Pensamos que nos estaban buscando. Tratamos de ingeniar algo desde dentro, subir por la chimenea, pero no hubo caso, porque las escaleras sólo llegaban hasta cierto punto”.
“Quemamos neumáticos para ver si veían el humo (desde afuera de la mina)”.
“El viaje (de ascenso en la cápsula) fue tranquilo. Estaba todo bien preparado. Subí escuchando música”.
Luis Urzúa, el jefe de turno de la mina y quien organizó la etapa más dura de la supervivencia bajo tierra dijo que al llegar la primera sonda que los reveló al mundo “todos querían colocar sus papeles (en uno de los martillos de la sonda) cuando regresara a superficie. Algunos (mensajes) decían: mándame pan, tengo hambre”. l