La negación de la muerte
La mayoría de nosotros somos mantenidos al abrigo de la muerte. Podemos y sabemos vivir con honor durante 80 años o más, pero no sabemos morir en un cuarto de hora. Suponemos que tendremos algunos días de tiempo...

Martes 25 de Octubre de 2011

La mayoría de nosotros somos mantenidos al abrigo de la muerte. Podemos y sabemos vivir con honor durante 80 años o más, pero no sabemos morir en un cuarto de hora. Suponemos que tendremos algunos días de tiempo para pensar en la muerte y con esa falsa seguridad, toda la vida optamos por no pensar en ella. Seguramente usted reflexionará que sería de mal gusto e inapropiado acostumbrar a los niños a oír hablar de la muerte, o ver sin temor una tumba, enfermos que agonizan y personas muertas; pero al mismo tiempo resta importancia -según su juicio de valores- a que su hijo mire por televisión como la muerte se convierte tan solo en el horrible resultado de un balazo o de una puñalada, de una bomba, de un cañonazo, y que personas despedazadas, cubiertas de sangre lanzan espantosos gritos. Por si fuera poco, demasiados filmes policiales se complacen en mostrar un marcado exceso de hemoglobina. Así es como nuestros niños cuya sensibilidad presuntamente queremos proteger, toman contacto con la muerte del otro. La culminación y metamorfosis de una vida no es percibida en su esencia y se la presenta siempre como lúgubre aparato de grande y sombría amenaza. Deberíamos prepararnos desde la infancia para habituarnos a pensar en la muerte como algo absolutamente natural. Padres que no tienen miedo a la muerte, hacen hijos que no tienen miedo a la vida.

Roberto Luis Taltavull, DNI. 8.291.768