Lunes 09 de Septiembre de 2013
El 22 de diciembre de 1972 la Fuerza Aérea Chilena rescató a 16 jóvenes uruguayos que sobrevivieron durante 72 días a un accidente aéreo en la cordillera de los Andes, donde murieron 29 personas.
El accidente del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya, conocido popularmente como el Milagro de los Andes, ocurrió el 13 de octubre de 1972, cuando el avión militar con 40 pasajeros y cinco tripulantes que conducía al equipo de rugby Old Christians, formado por alumnos del colegio uruguayo Stella Maris, se estrelló en un farellón de la cordillera de los Andes en Mendoza, a 3500 metros sobre el nivel del mar (msnm), en ruta hacia Santiago de Chile.
El grupo pudo sobrevivir durante 72 días y no morir por inanición gracias a la decisión grupal de alimentarse de la carne de sus compañeros muertos (práctica denominada antropofagia), quienes estaban enterrados en las afueras del fuselaje. No fue una decisión fácil de tomar, y en un principio algunos rechazaron hacerlo, si bien pronto se demostró que era la única esperanza de sobrevivir, muchas consideraciones pasaron por el tema religioso católico. Pronto se impuso la regla (o exigencia), de no utilizar como alimento a ningún familiar cercano, ni tampoco a algún fallecido de sexo femenino.
Roberto Canessa y Nando Parrado decidieron salir a pedir ayuda y caminaron unos 55 kilómetros, durante diez días, hasta encontrar al arriero chileno Sergio Catalán en la precordillera curicana del sector de Los Maitenes. Recorrieron un río para vadearlo casi día y medio y no pudieron lograrlo por la crecida del deshielo. Roberto Canessa comenzó a sentirse enfermo, por lo que Nando debió llevar las dos mochilas. Al amanecer vieron en la otra orilla a un huaso chileno que los observa. Nando intentó comunicarse con él pero el fragor del río no lo permitió, entonces el huaso ató hojas de papel y un lápiz a una piedra y las lanzó sobre el río, Nando a duras penas, por su debilidad, logró hacerle llegar un mensaje escrito donde dicen ser sobrevivientes de un avión siniestrado".
El arriero entendió el mensaje, les lanzó un poco de pan y se dirigió al retén de Puente Negro a cargo de Carabineros de Chile con el capitán Courbis al mando, que es el más próximo (a diez horas de marcha) y dio la noticia. Una patrulla de Carabineros se dirigió al sector y les brindaron ayuda.
El 22 de diciembre, los pilotos chilenos Carlos García, Jorge Massa y Mario Avila se preparaban para volar en un DC-6 a Punta Arenas cuando recibieron incrédulos la noticia de que habían aparecido sobrevivientes del avión uruguayo extraviado hacía más de dos meses en la cordillera. La Fuerza Aérea Chilena había hecho 66 misiones sin resultados y suspendió la búsqueda. Carlos García, solicitó tres helicópteros e inmediatamente se trasladaron hacia el sector Los Maitenes de Curicó. Se había levantado una densa niebla y eso en circunstancias normales habría frenado la tarea de rescate, pero se decidió proseguir a pesar de que la visibilidad no era mayor a 100 metros. La niebla se levantó a eso de las 12 y Nando Parrado sirvió de guía a los helicópteros.
Una vez a la vista el sitio del accidente, los pilotos chilenos comprendieron que el rescate iba a ser muy difícil debido a la pendiente del terreno, pero mientras los 14 sobrevivientes saltaban jubilosos y gritaban de alegría.