La importancia del libro
He leído, no recuerdo dónde, que un libro abierto es un cerebro que habla. Inmediatamente, me pregunté qué libros leerán algunos dirigentes argentinos. Con esto no me refiero...

Viernes 21 de Octubre de 2011

He leído, no recuerdo dónde, que un libro abierto es un cerebro que habla. Inmediatamente, me pregunté qué libros leerán algunos dirigentes argentinos. Con esto no me refiero exclusivamente a quienes tienen la obligación de transformar la triste realidad de miles de compatriotas, porque para eso fueron elegidos, sino que también oriento mi pensamiento hacia todos los que, por una razón u otra, cumplen una función considerable en distintos ámbitos. También he leído que un libro cerrado es un amigo que espera, y uno destruido es un corazón que lagrimea. Luego dije: ¿no será que esos dirigentes argentinos lo tienen cerrado o destruido en la biblioteca de sus respectivas viviendas? Porque si los libros son tan fundamentales para enriquecer el intelecto y abrir la mente ante situaciones complejas de la vida cotidiana, ¿cómo es que apenas un puñado cumple con esas prioridades? ¡Cuánta mediocridad nos circunda! El sistema reinante desde hace años premia a los negligentes y prohibe a los idóneos, le otorga posibilidades de desarrollo personal a quienes nunca hicieron méritos propios; y margina e ignora a la gente que se esfuerza, se capacita de manera constante. Es fácil advertir la vulgaridad de muchos que ocupan lugares privilegiados. Al observar la actitud frente a los semejantes y al entablar una conversación, fluye una pobreza de formación integral indisimulable. Un libro abierto provee al lector sabiduría, conocimiento, pero también argumentos que son puestos en práctica al relacionarnos con el prójimo. Un libro cerrado, clausura toda posibilidad de aprendizaje. Un libro destruido es una herida que no cicatrizará jamás.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   Marcelo Malvestitti