Domingo 01 de Febrero de 2009
Promulgada la ley 26.476 llamada de regularización fiscal —que en realidad significa un borrón y cuenta nueva con los contribuyentes morosos—, habiéndose liberado de las sanciones administrativas y penales por su obrar ilegítimo y muchas veces delictivo, es el tiempo preciso para encarar la reforma fiscal que el país precisa y la gente reclama hace ya buen tiempo.
Una ley de regularización impositiva podría así tener una finalidad elogiable y significar un cambio de rumbo en la economía de la Nación. De persistirse en el actual camino no habrá ninguna posibilidad de mejora en la eficiencia y por ende el resultado del trabajo de los argentinos.
La reforma fiscal debiera eliminar ganancias, es decir le quitaríamos a los argentinos el socio bobo con que cuentan los argentinos siempre en las buenas y que en nada ayuda en las malas. Esta señal será suficiente para que varíe la mentalidad de todos quienes ahora podremos hacernos de un capital, aumentar el que tenemos y así crear nuevas empresas para atender a los miles de requerimientos que la sociedad nos realiza para aumentar las fuentes de trabajo, la renta de los ciudadanos, la adquisición de bienes.
El Impuesto al Valor Agregado (IVA) debiera ser dejado de lado y retomarse al viejo impuesto a las ventas que resulta de fácil fiscalización. A la par del mismo debieran ampliarse impuestos internos que también resulta de fácil fiscalización y rápida recaudación. También seria preciso revalorizar impuestos que resultan distorsivos de la actividad económica, injustos y que atento la necesidad habida de conceder exenciones a diversos sectores. También debiera quedar el impuesto al patrimonio pues él es el más justo y equitativo.
Argentina precisa cambios profundos en su organización social y económica. El tema fiscal es el más importante y apremiante para tratar.
(*) Abogado