"La etiqueta del cine de género te margina"
El director Nicanor Loreti cuenta cómo fue mostrar una historia de superhéroes en medio del conurbano bonaerense.

Domingo 06 de Diciembre de 2015

Ellos pueden usar capa o un pantalón desflecado, y también las dos cosas juntas. Lucen como superhéroes, pero también son antihéroes. No son de Krypton ni de Ciudad Gótica, sino de La Matanza, en pleno conurbano bonaerense.

Por esas calles pasa el derrotero de "Kryptonita", la película de género estrenada esta semana y dirigida por Nicanor Loreti, donde conviven un Superman llamado Nafta Súper (Juan Palomino) con un Batman motoquero (Pablo Rago), una Mujer Maravilla travesti (Lautaro Delgado) y un Guasón drogón (Diego Capusotto), capaz de superar a la caracterización inolvidable de Heath Ledger en "Batman: El caballero de la noche". "Ustedes cuéntenla como quieran, que somos dioses, que somos hombres, que somos buenos, que somos malos, pero que quede claro que no somos fantasía", dice en "Kryptonita" El Faisán (Nicolás Vázquez), algo así como el Linterna Verde argentino, pero del subdesarrollo.

"Siempre que ponés una historia de antihéroes marginales enfrentados contra una rama corrupta de la policía, creo que estás dejando un mensaje social", dijo Nicanor Loreti, en una charla con Escenario donde habló de las características del cine de género y del comercial; de su amor por la filmografía de John Carpenter y el mundo de los cómics; y de lo difícil que es conquistar espectadores cuando Ricardo Darín, una suerte de superhéroe de la actuación y la taquilla, no sale en la pantalla.

—¿"Kryptonita" es una película de superhéroes o de antihéroes?

—Me parece que es las dos cosas, hay una manera en que los personajes están basados en superhéroes, otra cultura, digamos, y lo que hizo Leonardo Oyola, a través de su novela "Kryptonita" en la que está basada esta película, es darle un tinte de antihéroes locales, así que me parece que son superhéroes y a la vez antihéroes.

—La ambientación es en Isidro Casanova, en La Matanza, pleno conurbano bonaerense, ¿qué te inspiró para que la historia transcurriera allí?

—A mí un poco lo que me llamó la atención era justamente la idea de centrar todo allá, y después, conociendo a Leonardo, me di cuenta que él era de la zona, se crió allá, y estaba hablando de un lugar que conocía. Yo crecí en Hurlingham, soy un poco del Oeste y pasé toda mi adolescencia allá. Eso también me hizo sentirme un poco identificado por crecer afuera de Capital y conocer un poco sobre los códigos, que no son exactamente los mismos, pero sí entiendo un poco de cómo funciona el Oeste, de alguna manera.

—¿El cine marginal lo ves como un subgénero en la Argentina?

—Bueno, hay antecedentes con la película "Pizza, birra, faso", y en televisión "Okupas" también y quizá algo de "Tumberos". Pero es una temática que no se tocó tanto sin que sea algo de explotación, porque otro ejemplo sería "El puntero" (con Julio Chávez, por El Trece), donde había cierta marginalidad, pero se metía en algo más «exploitation» (se refiere al cine de explotación, que es una categoría basada en temas polémicos, moral y socialmente, como la sexualidad, la violencia, la delincuencia o el consumo de drogas). Entonces cuando se tocan ciertas temáticas sociales para mí no hay muchos más antecedentes que los que te cité, y sobre todo "Okupas", que es lo que yo tomé, que es donde ves un lenguaje popular retratado de manera realista, sin que sea artificioso ni de explotación.

—El cine de José Celestino Campusano no es parte del cine marginal del que hablás?

—Sí, sí, no es una referencia que yo haya tomado lo que hace José, pero es porque como él trabaja con no actores, él refleja esa realidad de forma directa, como una especie de Rossellini en el cono urbano (en referencia a Roberto Rossellini, uno de los realizadores más relevantes del neorrealismo italiano, cuya película icónica fue "Roma, ciudad abierta"). Lo que sí me gusta mucho son algunas películas de Campusano, con "Vikingo" a la cabeza, pero no es algo que haya tomado como referencia necesaria para "Kryptonita", aunque sí estoy de acuerdo con que es el realizador actual que muestra ese mundo de forma totalmente directa y sin ningún tipo de intervención ficticia en el medio.

—¿Tomás como un elogio o como un desprecio que citen a "Kryptonita" como un película bizarra?

—No me molesta, es un cine al que yo crecí viendo, creo que es una determinación muy amplia, incluso se habla de películas malas que de tan malas son buenas, pero también se le aplica esa denominación al cine de Almodóvar o ciertas películas de Sam Raimi (el director de las sagas de "The Evil Dead" y "Spiderman"). Creo que generalmente, en mi caso, se refieren a los superhéroes que muestro y a una especie de Mujer Maravilla que bizarrea la situación, digamos. Pero más allá de esto, no creo que sea algo necesariamente despectivo, engloba a tantas cosas el concepto, que para mí no es para nada insultante.

—¿Hay un mensaje social en "Kryptonita"?

—Sí, yo creo que definitivamente sí, siempre que ponés una historia de antihéroes marginales enfrentados contra una rama corrupta de la policía, creo que estás dejando un mensaje social que son cosas que pasan, ¿viste? Eso no quiere decir que sea una película antipolicial, o pro una cosa o pro la otra, sino mostrando una realidad social que sí ocurre y me parece que está bien mostrar que es así. Dicho esto, después tenés buenos policías y delincuentes tipo Robin Hood que roban bancos sólo en la cajas de seguridad y no la plata de la gente, pero son casos específicos. La película cuenta uno de esos casos, después todos sabemos cómo es el mundo, tenés blancos, negros y grises por todas partes.

—La kryptonita es letal en Superman, ya que es lo único que puede destruir al Hombre de Acero, ¿si cabe la metáfora, cuál es la kryptonita que puede destruir a la Argentina que muestra tu película?

—Bueno, en la película y en la novela, el personaje Nafta Súper es malherido con una botella de cerveza Heineken y la metáfora está ahí, juegan mucho con el chiste ese, de que es indestructible pero lo hieren con esa botella y nadie sabe de dónde sacaron la forma de matarlo, pero hay todo un chiste de que era porque se trataba de una botella de cerveza importada, y me parece que hay una metáfora y una broma ahí. Después queda todo medio en misterio y no se explica demasiado, pero creo que está bien que así sea porque con una idea tan demente cuanto más te ponés a hacerte el científico algo no va a funcionar. Pero el chiste de que sea una botella de cerveza importada y una marca alemana, europea, me parece que tiene ya una bajada de línea divertida y simpática para aplicar.

—"Que quede claro que no somos fantasía", dice un superhéroe en tu película. ¿Hasta que punto te podés convertir en un superhéroe en la vida real?

—Lo que está diciendo ahí es que hay una posibilidad de redención para todo el mundo, y si uno vence cierto prejuicio respecto a los demás, también nos podemos hacer cargo de que existe un montón de otra gente. Si no es así, creo que nos perdemos en la clase media y en las necesidades básicas de cada uno y te olvidás que la sociedad es mucho más grande, y se transforma todo en «sálvese quien pueda» como en 2001 que salieron con las cacerolas porque les tocaron el bolsillo y no salieron cinco años antes porque la gente se moría de hambre. Entonces, si todos fuéramos un poco más conscientes como sociedad, quizá, creo que lo que cuenta la película en parte es que si nos hacemos cargo de que hay un montón de personas que tienen otra forma de vivir y otras necesidades porque viven en un lugar mucho más marginal y alejados de la sociedad de clase media para arriba, me parece que podríamos convivir mejor. Como que socialmente todo se convierte en Capital Federal y me olvido el afuera, y cuando lo veo es cuando leo la sección Policiales de un diario y digo «uy, no hay que ir para allá».

—¿Puede una película como "Kryptonita" llegar a seducir tanto al espectador como "Relatos salvajes" o "El secreto de sus ojos", por ejemplo?

—Mirá, la verdad tienen que ver un montón de temas como marketing y publicidad, hay que ver hasta dónde podés llegar sin tener exactamente los mismos recursos. De todas maneras, justamente esas dos películas tienen al actor más convocante de la historia del cine argentino, y la mía no, entonces tampoco podés aspirar a dos millones de personas sin Darín. Pero, no sé, siempre puede pasar de todo, también el tema superhéroes atrae, y la película sale con un montón de copias y mucho empuje, después tenemos que ver con qué nos vamos a encontrar, sin el diario de mañana no sé qué contestarte.

—¿Cómo pasaste de este universo de fantasía a una saga más comercial como fue dirigir "Socios por accidente"?

—Y...la verdad es que a mí me gusta filmar, y son proyectos que te ofrecen y te permiten expresarte de otra manera, son películas más grandes y con más presupuesto, donde podés hacer un montón de cosas que no podría hacer en películas como "Kryptonita" o como "Diablo", viste, como filmar una persecución en el medio de la montaña, con autos, con un cámara en un helicóptero, es una película totalmente distinta en la que aprendés mucho. Cuando hacés una película así de grande sentís que estás capacitado para enfrentar otros desafíos.

—¿Creés que el cine de género está abriendo un camino en la cinematografía argentina?

—Sí, yo siento que de a poco. Pero autoponerse la etiqueta de cine de género hace que haya una marginalización de ciertos productores y del público mismo. Me parece que lo que hay que tratar de hacer son películas y no decir "es mejor porque es de terror o de ciencia ficción". Es una película y hay que tratar de que se vea, si vos decís "es mejor porque es de terror", capaz que viene una de Hollywood y es superior, porque tiene más plata, mejores actores, y está todo mejor hecho. Yo no trato de vender "Kryptonita" como "es de superhéroes, andá a verla". No, está bueno verla porque es una buena película, pienso yo, y porque tiene un montón de cosas que acá no se vieron, pero no tengo la intención de competir con "Avengers".

¿Sacar las etiquetas serviría para romper prejuicios?

—Sí, totalmente, realmente tenés que tratar de hacer cine para todos, y que todos lo puedan ver.