Viernes 18 de Diciembre de 2015
Que escribía y dibujaba como pocos, que era parte de la Mesa de los Galanes del bar El Cairo, que era hincha de Rosario Central, que tenía muchos amigos, era irónico y reconocido internacionalmente pero mantenía un perfil bajísimo, que le decían Negro. Cualquier rosarino sabe que todos esos son rasgos de Roberto Fontanarrosa, tal vez el escritor y dibujante más popular y querido que tuvo Rosario. Lo que pocos saben es que el Negro jugaba al fútbol, de volante, los sábados al mediodía en el campo de deportes del Club Universitario, en Las Delicias. Y por haber sido el más ilustre de los futboleros de ese rito deportivo semanal, sus compañeros de entre 35 y 67 años le dedican un torneo desde el primer año de su fallecimiento (el 19 de julio de 2007, a los 62 años).
Copa Fontanarrosa, así llamaron a la anual cita que actualiza la pasión por el picado, cuela algún que otro asado y mantiene al Negro en la cancha. Mañana se jugará una nueva edición: a partir de las 14, camisetas leprosas o canayas _da igual_, el tema es entretenerse, jugar y recordar las anécdotas del Negro como jugador, “cosas que no muchos saben”, según sus compañeros.
Alejo Vercesi es el coordinador de este torneo y quien se encarga de juntar con pasión mails, fotos y recuerdos sobre el Negro.
“El jugaba en un equipo que se llamaba Mendieta y por esas cosas que se dan en los picados (un amigo de un amigo lleva a otro amigo) terminó jugando en Uni. Venía bastante seguido, a las 12.30 estábamos todos ahí para hacer la previa; cafecito y charla de fútbol, lo común entre hombres. Después venía el partido: el Negro tenía buena pegada, si bien tenía un problema en al cadera y corría con dificultad, eso sí, era tranquilo, jamás puteaba en la cancha”, contó.
Lo que pocos saben, además, es que muchos de los nombres que el Negro usó en sus historietas los sacó de la cancha y de estos encuentros.
“Recuerdo un caso particular de una historieta en la que un personaje le dice a otro: Rivas, usted más que un piecapiedras es un troncomóvil, y Rivas era José Luis, un compañero y ex rugby que falleció hace poco en Brasil”, dijo Vercesi.
Cruce de mails. En 2003 a Fontanarrosa se le diagnosticó esclerosis lateral amiotrófica, por lo que desde 2006 utilizó frecuentemente una silla de ruedas. De ese año son algunos mails que el grupo guarda impresos como celoso patrimonio. Siempre firmaba “El negro”, en minúscula; la dirección de su correo era “negrofontanarrosa@ciudad.com.ar” y en uno, de fecha 12 de septiembre de 2006, se lee el asunto: “Fútbol sábados en Universitario”.
Se destaca un párrafo, con típico sello Fontanarrosa. “...Debería haber algún medio, radial o televisivo, tipo Area 18 (segunda novela de Fontanarrosa, publicada en 1982), que notificara al pueblo sobre las actividades del fútbol de Uni. De todos modos, se hace difícil creer que jugadores como el Zorro, el Bichi o el Ingeniero, no ya sigan jugando sino, incluso, que continúen con vida. Estoy entrenando para ver si puedo volver, al menos a los asados. Con respecto a tu amigo escritor, dale sin problemas mi dirección de mail, esperando que su cuento no exceda las 4.000 carillas. Saludos a toda la brava gente. Volveré y seré millones. Patria o muerte. El negro”.
Humor. En enero de 2007, el Negro anunció que dejaría de dibujar historietas, porque había perdido el completo control de la mano derecha. Sin embargo no había perdido el humor. Van dos muestras de ello.
Vercesi había redactado un reglamento para terminar con las discusiones que se producían ante cada infracción en las áreas y Fontanarrosa le escribió:
“Estimado Vercesi: desde mi condición de Arbitro Natural Tribunal Superior, no me extenderé sobre las medidas tomadas. Pero le digo: tenga mano dura con esas despreciables bestias...”.
Y uno más. Habla de una supuesta “ley de las probabilidades” y argumenta: “Si un futbolista ejecuta mil tiros libres, uno tiene que meter. Yo recomendaría organizar un partido-despedida para el señor Emanuelli. Quemar su nuevo par de botines como ofrenda al fútbol. Y retirar definitivamente su número, pero no de camiseta sino de la agenda telefónica para que nadie lo invite más a jugar a ese hijo de puta. Mis respetos. Juez E. A. Fontanarrosa”. ¿Cómo olvidarlo?