Martes 11 de Noviembre de 2008
El 31 de mayo de 2006, los vecinos de Arroyo Seco se impresionaban con el hallazgo del cuerpo de una beba recién nacida en un basural. A los pocos días una chica de 26 años, Carolina, revelaba haber dado a luz en soledad, en su casa, al término de un embarazo del que nunca pudo hablar. No pudo explicar cómo murió la beba que arrojó a un contenedor. Un duro reproche moral señaló entonces a Carolina, que estuvo más de cuatro meses presa sin ver a su hija de cinco años a la que cuidaba con devoción, hasta que una junta médica llegó a la conclusión de que sufrió una crisis psicótica propia del puerperio.
Hallaron en su caso un patrón de conducta repetido en otras mujeres del planeta que, en un desborde subjetivo y sin saber lo que hacían, mataron a sus hijos recién nacidos. Todas tuvieron hijos de padres ausentes, sobrellevaron embarazos ocultos o que no registraron y tuvieron conductas extrañas con el cuerpo del bebé, como arrojarlo a la basura o guardarlo en un bolso.
Hace seis años, María Magdalena Córdoba atravesó un drama similar en Trenque Lauquen. Dio a luz sin ayuda profesional una beba gestada en una relación casual, tras un embarazo que tampoco pudo nombrar. Ayer fue detenida y a los ojos del país fue mostrada sin matices por la prensa bajo el rótulo de "la mujer más buscada". Cuando todavía no está claro si existió homicidio.
¿Qué inconcebible desvío del lenguaje convirtió a esta chica de 27 años en una suerte de peligroso sujeto criminal? ¿Qué ficciones son asumidas como ciertas para que ese enunciado funcione, circule, sea creíble? Su drama personal, la verdadera dimensión del hecho que le reprochan y el tormento subjetivo que pudo haber atravesado quedaron fuera de foco.
La joven está frente a un duro reproche. La acusan de homicidio calificado, que se pena con prisión perpetua. Hace catorce años la habrían acusado de infanticidio, figura que disponía penas atenuadas de 3 años para las madres que mataran a sus hijos durante el puerperio. Pero esa figura fue derogada y, tras el caso de Romina Tejerina, se discute su reincorporación al Código Penal.
María Magdalena ahora está presa. Si incurrió en un delito —lo que aún se investiga— afrontará un proceso penal. Si al igual que Carolina actuó bajo un trastorno de su personalidad, el camino más arduo lo tendrá al enfrentar su propia historia. En cualquiera de esos casos, le corresponderá a la sociedad restituirle el estatus de persona que le fue escamoteado bajo el estremecimiento reflejo del horror, una reacción siempre más sencilla que tratar de comprender.