Sábado 02 de Julio de 2011
El chancho, cerdo o puerco vive en chiqueros con pisos de tierra, come cualquier sobra que le tiren, no requiere atención sanitaria especial, se moviliza, recuesta, defeca y duerme sobre el barro. Le cargamos una injusta culpa, se hace valer por lo que pesa, se reproduce fácil y económicamente (un sólo padrillo atiende todas las hembras del chiquero). Después lo matamos y es menú indispensable en todos los atracones de Navidad, plato selecto para los chefs y exclusiva materia prima de todos los fiambres conocidos. El chancho vive y muere de acuerdo a lo que es (un animal). El chiquero sucio, maloliente, incómodo y de feo aspecto lo aportamos, diseñamos, construimos y manejamos nosotros (los seres humanos). Entonces no estamos muy equivocados cuando citamos "la culpa no es del chancho sino de quién le da de comer". Traslademos este ejemplo animal a la actual realidad argentina: los dirigentes sindicales enriquecidos (que los hay, los hay) manejan a su voluntad las enormes cifras aportadas por innumerables afiliados que no se interesan ni preocupan sobre el destino de esos aportes. Funcionarios corruptos hacen sus negociados porque no hay controles oficiales sobre el paradero y distribución de los fondos que manejan. Políticos incapaces pueden eternizarse en posiciones cómodas y rentables gracias al soporte financiero de quienes están interesados en que esos políticos prosigan actuando. Seis millones y medio de jubilados no van a conseguir jamás un incremento digno en sus haberes mientras la única actitud que los agrupe sean las notas que se envían entre ellos a través de las publicaciones de Asociación Argentina de Jubilados Aportantes ya que en las concentraciones pactadas para reclamar justicia no logran sumar más de 30 voluntarios. Los consorcistas de edificios vertico-horizontales consiguen a duras penas el número mínimo de personas para realizar una asamblea ordinaria y no quiero mencionar lo que cuesta armar un consejo de administración. Aquellos que están procesados o en espera de sentencia por delitos de cualquier naturaleza pueden aguardar tranquilos ya que nuestra Justicia, sea por falta de elementos materiales o por no incomodar a otros poderes es muy, pero muy lenta en tomar sus decisiones. La lista de anormalidades diarias es interminable y siempre nos dejará un mensaje indescifrable: la culpa (¿de qué?) ¿la tiene el chancho o quienes le damos de comer?
Rubén Mario Baremberg
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