Sábado 27 de Noviembre de 2010
Río de Janeiro. — El ejército y la fuerza aérea brasileña se sumaron ayer a la marina y a la policía militar en el megaoperativo en favelas de Río de Janeiro, a las que tiene rodeadas y a la espera de la orden para lanzar un ataque coordinado con el fin de capturar a cientos de narcotraficantes que desataron una ola de violencia desde el domingo. Unos 800 soldados del ejército, 300 agentes de la policía federal, 2 helicópteros de la aeronáutica, 10 carros blindados, se incorporaron ayer al operativo que se realiza en las favelas Vila Cruzeiro y Alemao, al norte de la capital carioca.
Según un balance oficial, desde el domingo fueron incendiados 96 vehículos en el marco de los ataques, mientras que los enfrentamientos entre agentes y delincuentes causaron la muerte a al menos 37 personas y 192 fueron arrestados. En Alemao, enmascarados, algunos vestidos con pantalones cortos y camisetas camufladas, blandían sus fusiles y ametralladoras en forma desafiante en el aire. Algunos de ellos dispararon contra un helicóptero que patrullaba el área
El cerco a las favelas representa el primer paso hacia una posible invasión del conjunto de diez barriadas, donde viven alrededor de 65.000 personas, y que desde este jueves se convirtió en refugio para 500 delincuentes que huyeron de la vecina comunidad de Vila Cruzeiro, ocupada por las fuerzas policiales.
La participación de las fuerzas armadas fue autorizada el jueves por el presidente Luiz Inacio Lula da Silva, quien, desde Guyana, donde interviene en la IV Cumbre de la Unasur, prometió “total apoyo” a las autoridades cariocas en su lucha contra la delincuencia. La ciudad, que será la sede de la final del Mundial de fútbol de 2014 y acogerá los Juegos Olímpicos de 2016, tiene sus calles patrulladas por unos 21 mil policías, aunque gran parte de ellos están destinados al operativo conjunto.
Las fuerzas iniciaron un cerco a las principales salidas del complejo de Alemao, en un intento de acorralar a los delincuentes.
Barriadas interconectadas. Fuentes oficiales aseguran que se requieren al menos seis mil efectivos para realizar una incursión en el complejo, integrado por unas 10 favelas interconectadas entre sí y dominadas por los narcos, con barreras para impedir el ingreso. El secretario de Seguridad Pública de Río, José Mariano Beltrame, buscó ayer alejar los temores de una masacre, expresados por organizaciones humanitarias. Sin embargo, decenas de vecinos de esa barriada comenzaron a abandonarla ante el temor del inminente ataque.
Los shoppings, la mayoría de comercios, bares y locales bailables cerraron sus puertas y unas 150 escuelas suspendieron las clases, en tanto que circula sólo el 80% del transporte público.
Los ataques de los criminales, que comenzaron el domingo, fueron interpretados por las autoridades locales como una represalia a la nueva política de seguridad pública, basada en la expulsión de delincuentes de las favelas ocupadas en el marco de las Unidades de Policía Pacificadora (UPP), que combinan presencia policial con programas socioculturales. Además, la gobernación inició un combate frontal a los líderes narcos presos, con su traslado de penales de Río a instituciones de máxima seguridad ubicadas en el sureño Estado de Paraná o en el amazónico Estado de Rondonia.